• Las dos operadoras de telecomunicaciones son propietarias de Canal en Francia y en España, respectivamente.
  • Mientras, la compañía que preside César Alierta mata dos pájaros de un tiro de la mano de la teleco francesa.
  • La multinacional española consigue negociar "en exclusividad" la venta de su filial brasileña GVT. Así está más cerca de su gran salto adelante y de superar a Carlos Slim.
  • Pero no sólo eso, también gana así a su rival en la puja, Telecom Italia. Aunque esta victoria no le ha salido barata: tuvo que ampliar su oferta hasta los 7.450 millones.
  • Además podría deshacerse al completo de la compañía italiana, ya que ha incluido su 8,3% en la oferta por GVT presentada a Vivendi.

Esta semana hemos visto cómo el culebrón del verano daba grandes pasos por las decisiones de los consejos de administración de sus tres actores principales: Vivendi, Telefónica y Telecom Italia. El movimiento más relevante, sin duda, ha sido el anuncio de que la multinacional francesa negociará "en exclusividad" con la compañía que preside César Alierta (en la imagen) la venta de su filial brasileña, Global Village Telecom (GVT), durante tres meses.

Sin embargo, este paso tiene otras muchas consecuencias. Sería la antesala de la gran plataforma europea de televisión de pago que preparan Vivendi y Telefónica. Y es que las dos operadoras de telecomunicaciones son propietarias de Canal en Francia y en España, respectivamente. Recuerden que en mayo, Alierta adquirió el 56% que PRISA tenía en DTS (plataforma de televisión de pago de Canal ), el cual sumó a su 22% y así pasó a controlar el 78% de la misma. Pero no sólo eso, en julio compró el 22% que quedaba en manos de Mediaset España y así ya posee el 100%. El coste de las operaciones asciende a unos 1.050 millones.

Con la decisión de Vivendi de negociar "en exclusividad" con Telefónica la compra de GVT, la española logra matar dos pájaros de un tiro. El primero: ganar a su rival en la puja, Telecom Italia, de la que curiosamente es accionista. Es como el hijo que se ha enfrentado al padre, pero ha perdido, pues estaba en clara inferioridad de condiciones. Sin embargo, quería morir matando en Brasil. Aunque esta victoria no le salido barata a Telefónica, ya que tuvo que ampliar su oferta inicial (6.700 millones de euros) un 11,1%, hasta los 7.450 millones.

Sin embargo, ganar el pulso a los italianos le coloca aún más cerca de lo que de verdad quiere: dar su gran salto adelante en el país suramericano, ya que podría superar a su contrincante Carlos Slim, propietario de América Móvil. Y es que al integrarse con GVT sería el líder del mercado brasileño, con 101,5 millones de accesos. Es decir estaría por encima de sus competidores: Slim (96,58 millones); Oi, en fusión con Portugal Telecom (75,26 millones); TIM Participaçoes, filial de Telecom Italia, que interesa a Oi (74,69 millones) y Sky (5,48 millones). Además sería líder en ingresos y en beneficio bruto de explotación (ebitda).

El segundo pájaro: se deshace de la compañía italiana. Alierta incluye, en la oferta presentada a Vivendi, el 8,3% que aún controla de la operadora transalpina. Así, cumpliría las condiciones impuestas por las autoridades de competencia, que le impiden estar en dos operadores brasileños, como ahora pasa (en su filial Vivo y en TIM). 
Veremos qué decide la multinacional francesa en los tres meses de negociación, ya que puede hacer dos cosas: quedarse con el 12% de la fusión entre Telefónica Brasil y GVT o cambiar un 4,5% de las acciones de la nueva sociedad por el 8,3% que la operadora española tiene en Telecom Italia.

Telefónica, en un hecho relevante remitido este viernes a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), estima unas sinergias de "al menos" 4.700 millones con la integración de GVT. En concreto, 3.200 millones de ahorros en costes operativos y en inversiones de capital fijo, además de sinergias en ingresos, a los que se suman otros 1.500 millones en mejoras fiscales y ahorros financieros. También barajan unos ahorros netos de 450 millones anuales a partir de 2020. Cifras que no están nada mal.

Cristina Martín

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