«Los obispos en Europa están especialmente atentos a las manifestaciones de discriminación y de intolerancia religiosa que confirman que algunos valores y derechos fundamentales propios de Europa están lejos de ser una realidad adquirida en algunos países del continente».

Lo dijo monseñor András Veres, obispo de Szombathely (Hungría), comentando el Informe 2011 del Observatorio Romano sobre la intolerancia y la discriminación religiosa en Europa.

 "Vivir y testimoniar el propio credo religioso en el respeto de la libertad y sensibilidad ajena no podrá menos de beneficiar a todos, creyentes y no creyentes, cristianos o no cristianos». 

Según el estudio, en Europa se registran cada vez más casos de intolerancia y discriminación con respecto a los cristianos. Al mismo tiempo, el creciente interés de los medios de comunicación ha dado voz al sufrimiento anónimo de casos de personas que adquieren una relevancia cada vez más internacional.

Las estadísticas muestran la amplitud del problema: el 74% de los encuestados, en un trabajo de campo efectuado en el Reino Unido, afirman que hay más discriminación contra los cristianos que contra las personas de otras creencias. El 84% del creciente vandalismo en Francia tiene como objetivo los lugares de culto cristianos. En Escocia, el 95% de la violencia de fondo religioso se dirige contra los cristianos. «El informe quiere ser una invitación a todos los cristianos  que hayan experimentado una forma de discriminación o de intolerancia por su pertenencia confesional a salir del anonimato y tener valentía: creer en Dios no se debe percibir como una culpa o un signo de debilidad".

El Estudio divide los actos de intolerancia y discriminación contra los cristianos en varias clases: libertad de religión, libertad de expresión, libertad de conciencia, políticas discriminatorias, exclusión de los cristianos de la vida pública y social, represión de los símbolos religiosos, insultos, difamación y estereotipos negativos, actos de odio, vandalismos, profanaciones y crímenes de odio contra determinados cristianos. También se incluyen casos clamorosos como la denuncia por  «crímenes contra la humanidad» contra el Papa Benedicto XVI por la posición de la doctrina de la Iglesia Católica en materia de moral sexual.

Episodios de intimidación se registraron también hacia profesionales que empleaban la objeción de conciencia sobre temas como el aborto y la eutanasia, así como el caso de una farmacia de Berlín asaltada por vándalos porque el farmacéutico no vendía la  «píldora del día siguiente», por sus convicciones católicas.

Son muy numerosos los episodios de «vandalismo y profanación de iglesias, lugares de culto y objetos sagrados» en Austria, Alemania, España y Francia, y el salvaje asesinato de un obispo católico en Turquía.

Se recomienda a los gobiernos europeos que muestren un absoluto respeto por las libertades fundamentales, que reconozcan y condenen la intolerancia y la discriminación en contra de los cristianos para asegurar su completa participación en la vida pública. Se pide a la Unión Europea que adopte medidas similares y que se respete la autonomía de las iglesias, según lo establece el Tratado de Lisboa.

Durante su visita al Reino Unido, el Papa Benedicto XVI definió a la discriminación de los cristianos como una cuestión seria en Europa. «No puedo menos que manifestar mi preocupación ante la creciente marginación de la religión, particularmente del cristianismo, que está ocurriendo en algunas partes, aun en naciones que enfatizan fuertemente la tolerancia. Hay quienes apoyarían que la voz de la religión fuera silenciada, o al menos relegada a la esfera meramente privada», afirmó.

Clemente Ferrer
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