Así que había que pasar al terrorismo directo.

…Satán eligió Holanda, un pequeño y rico país de Centroeuropa, que ya le había servido como laboratorio de pruebas en otros experimentos, como la eutanasia, verdadero placer del Infierno: el ser humano que reclama su propia muerte.

Eligió a un gobierno de derechas, democristiano, con más de demo que de cristiano. Fue este tolerante Ejecutivo quien prohibió toda publicidad de la eucaristía, incluidos los horarios de las misas en las puertas de los templos o en Internet. Y los espíritus sabemos mejor que nadie que prohibir hablar significa prohibir hacer; si censuras la publicidad de la liturgia estás condenando la propia liturgia.

La medida fue justificada, o así, por varias razones, a cual más democrática:

1. Antisemitismo. Satán ya tenía preparada a la humanidad para un nuevo ataque contra el pueblo judío, al que odia intensamente, pues de él nació el Salvador. Ahora bien, si para atacar al Cuerpo Místico de Cristo debía emplear el filosemitismo, eso significa que todo puede ser útil, convenientemente utilizado.

2. La segunda cuestión por la que el Parlamento holandés suprimió toda publicidad sobre la eucaristía consistió en la elaboración de un listado de sectas entre las que se incluía, naturalmente, la Iglesia de Roma.

Se prohibían las actividades de dichas sectas en tanto propusieran cuestiones acientíficas, por tanto, irracionales, como, por ejemplo, la pretendida conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de un personaje ejecutado hace veinte siglos, en un juicio justo ante un Tribunal de la antigua Roma. Era la misma secta que perpetraba  rituales caníbales, como el de la eucaristía y que, además, lavaba el cerebro de su adeptos que no eran otra cosa que adictos.

Y naturalmente, se trataba de extrapolar la norma al Parlamento europeo.

Se trataba de crear un consenso mundial anti-eucaristía. Nada de conspiraciones secretas, todo a pleno luz del día, con luz y taquígrafos. Se trataba de criminalizar el santo sacrificio por consenso, y según la consabida técnica de todas las campañas de masas de la sociedad de la información en el siglo XXI: el verdugo que se hace pasar por víctima. Se trataba de liberar a las mentes aherrojadas por la superstición católica, quien pretendía que, por el hecho de pronunciar unas palabras, un trozo de pan sin fermentar y un poco de vino fermentado se convertían en Dios.

Y lo que es la sociedad del consenso, mucho más refinada que la sociedad de la conspiración. Muy pocos, escasísimos, conspiradores eran conscientes de que, con su muy racional colaboración, estaban contribuyendo a criminalizar la Eucaristía, que es lo que sostiene el mundo.

Bueno sí, uno de los conspiradores sí sabía cuál era el objetivo último del consenso creado: Satán… y todos los suyos. Les encantaba utilizar a las personas como marionetas, como tontos útiles.  

3. Naturalmente, la criminalización de la Eucaristía tenía que venir precedido de un ataque jurídico, no sólo político, de la mano del Derecho Internacional, que se ha convertido en otra de las grandes armas del infierno. Y el proceso en el Parlamento holandés y europeo corrió en para ello a la causa ante la Corte Penal Internacional que, por pura casualidad, también posee su sede en Holanda.

Y así, Satán consiguió que un grupo de prestigiosos juristas abrieran una causa contra el Papa Benedicto XVI, acusado de sectarismo, sexismo, homofobia y pedofilia. Bajo la primera acusación siempre podía criminalizarse la Eucaristía, que era el primer objetivo de Satán, no lo olvidemos. Y la clave estaba en negar un principio que millones de seres humanos aturdidos llevaban años aplaudiendo. Un principio verdaderamente infernal que podríamos resumir así: lo que no puede demostrar la mente humana, no existe. Hijo, a su vez, de otro principio con muchos siglos de existencia, tantos como la modernidad: el hombre es la medida de todas las cosas.

Recordad que, cuando fue creada, en 1998, la Corte Penal Internacional solo se iba a emplear contra crímenes de guerra y genocidios, pero la puerta ya estaba abierta para encausar al enemigo más peligroso de Satán: la Iglesia.

Por tanto, el Papa fue acusado de sectarismo, no sólo por pretender un milagro diario y permanente llamado transustanciación, totalmente anticientífico, sino también por su preámbulo: el sacramento conocido como confesión. En él se manipulaban las mentes, heridas por un sentido de culpa que enloquecía, además de protegerse en el secreto para perpetuar la esclavitud mental, atentando, además, contra la primera condición de una democracia: la trasparencia. El sacramento de la penitencia se convertía así en un atentado contra los principios constitucionales y una conjura contra el orden democrático.

Por cierto, no quiero dejar de recordaros que orden y estabilidad son conceptos muy queridos en el Infierno. En el Reino nos gusta mucho más la anarquía del amor.

Conclusión: la CPI dictó una orden internacional de búsqueda y captura contra Benedicto XVI quien, de este modo, se vio recluido en las pocas hectáreas que conforman la ciudad Estado de El Vaticano, separado de sus discípulos y condenado a la inmovilidad.

Pero el objetivo de Satán, el espíritu que dirige este consenso mundial, es la supresión total del santo sacrificio, que no se celebren misas en el mundo. ¿Lo ha conseguido? Naturalmente que no, pero sí ha forzado una Iglesia de las catacumbas, y esto en nombre, no de una tiranía, sino de los principios democráticos, que es lo más grave.

Además, está consiguiendo una multitud de adeptos, muchos de ellos tontos ilustrados, personas que no se conforman con no ir a misa sino que a consideran peligrosos delincuentes a los que califican como 'comulgantes'. La iglesia de las catacumbas vuelve para vivir en las sociedades democráticas.

El objetivo último es, como digo, la prohibición final de los sacramentos de Penitencia y Eucaristía. Y será entonces cuando empiece el baile porque el Eterno, por amor a los elegidos, no lo permitirá. Y entonces a Satán le sucederá lo mismo que le sucedió en el Calvario: cuando creyó haber triunfado cayó en la cuenta de que había sufrido su más humillante y definitiva derrota…

(CONTINUARÁ)

Eulogio López

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