Según se desprende del informe que ha dado a conocer el Parlamento Europeo, uno de cada tres jóvenes de entre 18 y 24 años ha dejado sus estudios.

La situación es cada vez más dramática. Desde el año 2000, el porcentaje de jóvenes que han abandonado sus estudios ha crecido un 7,2%, siendo Finlandia, Suecia, Noruega y España los países que han agravado su fracaso escolar.

Con un 43,6% de desempleo juvenil, éste es uno de los colectivos más diezmados por la actual crisis económica. Una de los principales motivos del fracaso estudiantil es la falta de estímulo a la hora de afrontar unos estudios.

Muchos de los jóvenes carecen de convicción mientras están en el instituto, y cuando están matriculados en la universidad, no tienen claro por qué han elegido la carrera que están cursando.

Por lo tanto, el niño desde el momento de su concepción, goza de toda la dignidad de la persona humana. Esa criatura tiene el derecho a la vida y a la educación. Guiar y desarrollar el intelecto son el fundamento de la tarea educativa de los progenitores.

Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos ya que existe una continuidad entre la transmisión de la vida humana y la responsabilidad educadora. La familia tiene el deber de educar a la prole, ya que es esencial y primario frente a otros educadores y es insustituible. Esta misión no puede ser delegada.

El fin de la misión educativa de los progenitores no puede ser otro que enseñar a amar a sus hijos. El amor es el alma de la educación. La meta y el motor interno de la educación es el amor de los progenitores hacia sus hijos.

La educación de la prole es una proyección del amor conyugal. No se puede olvidar que todos los educadores son siempre colaboradores de los padres. Los padres deben educar a sus hijos en y para la libertad.

La misión educativa de los padres trata de contagiar el amor a la verdad que es la clave de la libertad. Por lo tanto, la educación bien lograda, es una formación para el empleo correcto de la libertad.

Los padres deben dar un testimonio del valor de la vida, encarnado en una existencia concreta. Cuando los hijos son mayores, no hay nada que agradezcan más que una educación libre y responsable. La educación de los hijos es el mejor negocio que pueden llevar a cabo los padres, es el negocio de su propia felicidad.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos se declara que "los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos". Son los progenitores y no el Estado los titulares del derecho a la formación de sus propios sus hijos.

Clemente Ferrer
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