Contemplaba yo el telediario segunda edición (el más visto de España, ¡qué horror!) de Tele 5. El hermano Piqueras (en la imagen) nos traslada a un ayuntamiento del sur de España donde, afectados por los desahucios han acampado ante el Ayuntamiento en demandas de viviendas sociales. Es decir, viviendas más próximas a la gratuidad que a la baratura. El Ayuntamiento asegura que no dispone de viviendas sociales.

En un tono de telenovela ladrillera la reportera nos explica dos casos: una familia que no ha podido comprar vivienda y otra que no puede pagar el alquiler por haberse quedado en paro. Hasta ahí todo en orden. El paro es la causa del desastre. Pero entonces surge un rostro, el más desencajado de todos, y nuestra intrépida reportera nos informa de que fulanita "afronta su tercer desahucio". ¡Joé! ¿Tenía tres pisos y no pagaba la hipoteca de ninguno o tuvo uno tras otro, hipoteca tras hipoteca, y tampoco pagó ninguna ¿Y quién fue el genial banquero que le otorgó su tercera hipoteca con dos hipotecas vivas Y ya puestos, ¿no pudo vender dos de sus pisos, aunque fuera a bajo precio, para mantener un tercero y no clamar en una tienda de campaña ante el municipio… para demandar Por cierto, cuándo tenía tres pisos, ¿se planteó donar uno, o dos, a los afectados por desahucios Sólo Piqueras lo sabe.

No existe el derecho a la pobreza, no existen los derechos de los pobres. Sólo existen deberes, de los pobres y de los ricos. Los primeros para mejorar su situación, los segundos para no derrochar lo que los segundos no pueden gastar. Y el reparto no debe hacerlo el Estado, que es el peor de los comisionistas: siempre se queda con la parte del león y encima otorgar el dinero a quien más grita, no a quien más lo necesita. El reparto debe hacerlo el corazón del hombre, por mucho que se nos haya endurecido.

En clave cristiana, podríamos recordar con Faustina Kowalska, que "el voto de pobreza es una renuncia voluntaria al derecho de propiedad o de su uso, por agradar a Dios". Es decir que lo que sí existe es el derecho de propiedad, la propiedad justamente ganada. Además, seguimos con el voto de pobreza, sólo exigible a los consagrados pero muy ilustrativo, que plantea cuatro niveles de pobreza: "no disponer de nada sin depender de los superiores (estricta materia del voto), evitar la opulencia y conformarse con lo indispensable (constituye la virtud), tender de buena gana a las cosas más míseras y esto con satisfacción interior, estar contento con la escasez".

Hombre, no hace falta llegar al último escalón pero que deja claro qué cosa es la pobreza, concepto y realidad últimamente muy utilizada en forma espuria con un deje demagógico por Tele 5 y por algunos desahuciados con demasiado apego a las propiedades, que no propiedad, inmobiliaria.

Eulogio López

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