Lo que caracteriza al progresismo es su sectarismo, pero en el caso del progresismo español hay que añadir un distingo: se trata de un sectarismo cainita. El español no arremete contra el compatriota porque piense distinto que él: arremete porque se trata de un compatriota. Desde que comenzara la decadencia de España, allá por 1800, aunque algunos adelantan la fecha un año atrás, en España todas las guerras han sido guerras civiles.

Como el gran visir Iznogud, que quería ser califa en lugar del califa, el presidente de Sacyr, español natural de Murcia, Luis del Rivero, quiere ser presidente de Repsol, en lugar del actual presidente, Antonio Brufau, español natural de Barcelona. Para conseguir fastidiar a un compatriota, ha buscado alianzas con chinos, indios, moros, rusos y, ahora, mexicanos.

Pero también con otros socios comunitarios a los que regalarles Repsol con tal de poder pagar su crecida deuda bancaria y, de paso, ser presidente de Repsol, que es un cargo que mola mucho.

Para ello, además, no ha dudado es valerse de otro profesional del cainismo patrio: Borja Prado, presidente de Endesa. Anguien dijo -anda, si fui yo- que a este hombre habría que echarle de España. El representante de los intereses comerciales en España, puesto en el que sustituyó a Aldo Olcese, preside ahora mismo Endesa -que por mor del cainismo español, acabó en manos de la eléctrica estatal italiana ENEL-, también Mediobanca España, que constituye, desde la posguerra mundial, el convoluto político-financiero italiano. Los italianos pueden ser unos golfos, pero no tienen nada de cainitas. De hecho, cada uno va a lo suyo pero de puertas afuera actúan al grito de Fuenteovejuna. No compiten entre sí, compiten con las empresas de otros países. Por eso ellos ganan, mientras nosotros perdemos.

Pues bien, Borja Prado tiene otros cometidos: reducir Iberdrola, principal competidora de su Endesa, a costa de apoyar a Florentino Pérez en su pugna, similar a la de Del Rivero, para cargarse a Galán y trocear la empresa. En segundo lugar, conseguir que el otro gigante energético italiano, la petrolera ENI, se haga con Repsol. Para ambos objetivos, precisa el apoyo de la prensa. Naturalmente, Prado, es consejero de Tele 5 así como de su competidor -no para los italianos, que simplemente emplean la primera persona del plural- el grupo Unedisa, esto es, El Mundo, Expansión, Marca, etc. Y es que en las batallas financieras el control de los medios es muy importante. Prado, por ejemplo, es el garante de que Expansión, el periódico económico más leído de España, o El Mundo, el mayor productor de escándalos de España, nunca le pongan las cosas difíciles ni a Florentino Pérez ni a Luis del Rivero. Y esto tiene su importancia.

Como dirían los argentinos, Prado es un vendepatrias.

Pero volvamos a Del Rivero, que es el que está en el proscenio en estos momentos y arquetipo del financiero español. Decíamos que, como buen patriota hispano, Del Rivero se había dedicado a hacer amigos. Cierto día Brufau recibe una llamada del presidente de ENI. Como buen italiano, se cachondea del ofrecimiento que le acaba de hacer Del Rivero, empeñado en que la petrolera estatal italiana el acompañe en su viaje por Repsol pero, al tiempo, tantea a la víctima por si hubiera alguna posibilidad. Brufau cae entonces en la cuenta de a qué está jugando el socio que le convenció para reducir su dependencia de La Caixa. Pero insisto: Brufau nunca sabrá si la llamada era una delación o un tanteo.

Y en estas tenemos. La pregunta es: ¿nos merecemos los españoles estos empresarios arrebatacapas? No me respondan que sí o me nacionalizo congoleño.

Eulogio López

[email protected]