• La cotización ha llegado a caer (media mañana del viernes) un 8% hasta los 0,55 euros.
  • La frontera son los 0,4 euros por acción, es decir, el precio de colocación.
  • El reto de Ángel Ron (en la imagen) consiste ahora en generar los fondos necesarios para dividendar adecuadamente.
  • Y la ampliación ha hecho subir el coste del pasivo.
  • Fuentes del banco aseguran que habría que acelerar la venta de activos.
  • Lo más importante: desde que comenzará la crisis, el capital de los grandes bancos españoles se ha disparado en un 7%, lo que compromete la capacidad de dividendo futuro.
  • El Nuevo Orden Mundial (NOM) no quiere buenos bancos sino bancos grandes, que no es lo mismo.

Pocos creían que Ángel Ron conseguiría la ampliación de 2.500 millones de euros, que era tanto como su capitalización vigente, es decir, refundar el banco. Pero lo ha conseguido, eso sí con un descuento fuerte y aumentando -por la primas ofrecidas para suscribir- el coste del pasivo. Y todo, hay que reconocerlo, lo ha conseguido gracias a que, a pesar de su déficit de capital la red del Banco Popular todavía se le reconoce una buena capacidad de generación de recursos.

Ahora bien, una vez que las nuevas acciones han comenzado a cotizar los especuladores financieros se han lanzado como buitres sobre el Popular. Si compras a 0,40 y la cotización sube no hay nada como vender un día después. Total, la cotización del Popular se despeñó hasta un 8% en la sesión del viernes.

El reto de Ron consiste ahora en poder dividendar convenientemente a los accionistas, con un porcentaje de títulos en circulación mucho mayor. Que en cinco años se ha disparado un 592% (ver cuadro adjunto). Y este no es un problema sólo del Popular. En el mismo periodo de crisis el Santander ha aumentado su capital en un 65%, el BBVA en un 45,4%, el Bankinter en un 42%. Es decir, la necedad de creer que un buen banco es aquel que está muy capitalizado, en lugar de aquel que tiene poca morosidad, ha colocado a las entidades españolas a forzar su capacidad de generación de recursos, por ejemplo, vendiendo negocio o activos, es decir, con enajenaciones, naturalmente no recurrentes.

Esta es la clave de la banca mundial de cara al futuro: no se quieren buenos bancos sino bancos grandes. Lo ordena el BIS, uno de los grandes instrumentos del Nuevo Orden Mundial (NOM). Y eso significa que un buen banco como era el Popular se le sitúa con la soga al cuello. Y significa, también, que el futuro de la banca es de color de hormiga. En el sector siempre se ha repetido que lo que importa es la calidad, no el tamaño. Pues bien, con las normas BIS este postulado se ha revelado falso: lo que importa es el tamaño. Hay que captar capital, un capital especulativo, que entra y sale pero que no se queda a cobrar el cupón. Es decir, que estamos condenados a una nueva crisis financiera.

Eulogio López

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