La ruptura con el Gobierno es casi total. Consideran que el Ejecutivo ha cruzado dos líneas rojas: edad de jubilación y ultra-actividad

 

Durante las dos últimas legislaturas los sindicatos parecían sumisos a las órdenes del Gobierno. Y es que quien paga, manda. Sin embargo en el último medio año, la cosa parece que ha cambiado un poco.

El miércoles se reúnen los secretarios generales de federaciones y territorios de UGT y CCOO para preparar (y, posiblemente, anunciar) una huelga general el 26 de enero. No han pasado ni seis meses desde el fracaso del 29-S, y los sindicatos ya se quieren lanzar a un nuevo paro.

Hace apenas un mes el líder de CCOO, Ignacio Fernández Toxo manifestó a uno de los periodistas de Hispanidad.com, tras un desayuno informativo, que los sindicatos no consideraban ni si quiera la hipótesis de una nueva huelga general, pero parece que mucho han cambiado las cosas. Es el mismo Toxo quien está presionando a Cándido Méndez a dar ese paso, pese a las reticencias de éste visto el fracaso de la anterior huelga (pese a que se quisiera vender como un éxito).

Y es que aunque se pretenda seguir el ejemplo francés (numerosos paros durante el último año), el éxito no será tan grande, pero algo hay que hacer. Desde los sindicatos se cree que el Gobierno ha tomado una deriva que no se puede tolerar. Dos son las líneas que habría cruzado el Ejecutivo: el retraso de las jubilaciones, algo que desde los sindicatos se ha considerado como esencial para frenar cualquier tipo de negociación; y el rechazo de la ultraactividad (los convenios colectivos previos se mantendrían con las condiciones primeras mientras no se firmara un nuevo convenio colectivo).

Con estos dos conflictos, los sindicatos ya han avisado que no piensan sentarse a negociar nada, por lo que pese a que el Gobierno muestra un rostro afable (aunque no quiere ceder), el diálogo parece inviable y el anuncio de la huelga general cada vez más cerca.

Juan María Piñero

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