No es malo pasar horas delante del televisor, lo malo es lo que esta realidad tiene de pasividad social, de no saber buscar otras formas para llenar el tiempo de ocio. Es la demostración empírica de que algo falla.

Parece que la lectura, la conversación, la tertulia familiar, la reunión de amigos o el estudio, son cosas de otro mundo. En cambio, esta cuestión adquiere cierta gravedad cuando son los niños los que pasan muchas horas ante los televisores: hasta una tercera parte de las horas en que están despiertos, e incluso fuera de los horarios infantiles.

El Código de Autorregulación de contenidos en horario infantil, rubricado por las cadenas televisivas y el Gobierno, ha sido infringido por todas las televisiones.

A su vez, los adolescentes que avispan la televisión tres horas cada día alcanzarán un mayor riesgo en su educación durante la juventud y en el arranque de su existencia adulta, según una investigación efectuada por la Universidad de Columbia y el Instituto Psiquiátrico de Nueva York.

La Confederación de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios alerta de que la programación infantil, que ofrecen las distintas cadenas televisivas, está plagada de violencia y actitudes sexistas.

Por todo lo expuesto, la publicidad dirigida a los niños es una comunicación que se debe cuidar hasta el último detalle. El público infantil es un segmento numeroso de la audiencia y por su condición de niño indefenso ante los mensajes es oportuno exigir que la publicidad infantil esté cuidada. La publicidad dirigida al niño no debe engañar ni manipular, debe ser muy clara en sus mensajes, ya que la audiencia infantil, con su enorme conocimiento del mundo que les rodea, pueden confundir lo real con los mensajes imaginarios que perciben.

Aquellos polvos trajeron estos lodos. No caben inhibiciones mientras no se ponga coto a la acción deformadora del primer medio hipnótico de comunicación de masas, mientras la gran ventana lívida suplante a los padres. "La violencia mueve a la imitación, por lo que puede estimular comportamientos violentos en los espectadores infantiles", afirmó el profesor Gianfranco Bettetini.

Las cadenas de televisión son una ventana abierta al mundo desde las distintas perspectivas que animan sus respectivos proyectos informativos.

Sin embargo, la violencia, la cruda morbosidad y el sexo, se han convertido en los pilares de no pocos programas televisivos. La competitividad no se ha basado en una programación seria y responsable, sino en la atracción del público con unos contenidos banales y groseros, que están en la frontera de lo éticamente permisible.

En la telebasura se busca el crecimiento de la audiencia a través de la provocación de los instintos, las pasiones y los sentimientos del telespectador. Es necesario que se pongan los medios pertinentes ante la epidemia de vulgaridad y erotismo que inunda la pequeña pantalla y que sólo consigue degradar al telespectador.

Urge eliminar de las parrillas todas las series violentas, insolentes y eróticas.

Clemente Ferrer

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