Velaba yo armas de becario periodístico en la Pamplona de la primera transición democrática cuando tuve que cubrir, para La Gaceta del Norte -diario ya desaparecido-, una rueda de prensa del diputado foral batasuno Ángel García de Dios, personaje algo menos cristiano de que lo que semeja su apellido.

Solicité al susodicho su opinión sobre las actividades de ETA y fue entonces cuando recibí el primer aviso. Sin dejar que García de Dios respondiera -en el entorno proetarra los que dan la cara nunca son los que mandan- un "asesor" del susodicho vociferó: ¡Cuidado con esa pregunta! El diputado, más fino o más diputado, terció: "Os ruego que retiréis ese tipo de preguntas".

Me ha venido a las mientes la anécdota tras leer el libro de Mauricio Fernández Martín, titulado "Terrorismo e Información".

Fernández Martín, un periodista que ha tenido que lidiar mucho más que yo con los 'dircom' de ETA, ha realizado un recorrido por las relaciones entre terrorismo y periodismo. Su narración incluye el relato de los periodistas asesinados por ETA hasta el ambiente matonil que emplea el entorno batasuno con los medios informativos. Porque el terror sin información no es nada, no consigue aterrorizar. Y la solución que propone el autor no estriba en callar, sino en hablar de la barbarie terrorista como lo que es: barbarie.

Es más, el volumen, que se lee rápido, lleva a otra conclusión: contra la violencia de la espada el arma más eficaz es la defensa de la pluma. Si algo saca de quicio al violento es que le respondan con palabras y con palabra claritas.

Es curioso que los más sangrientos terroristas se vuelvan versallescos cuando se trata de justificar con palabras sus crímenes. Cualquiera diría que a los virtuosos de la pistola como argumento bien poco puede importarles los argumentos plasmados en un papel o en una pantalla de Internet. Pero así es: nadie es tan sincero como para calificarse a sí mismo de criminal.

Por eso, el único pacifismo posible es el periodismo. El pacifismo consiste en hablar y escribir. Y créanme, al final, en la batalla entre la pluma y la espada siempre termina por ganar la pluma instrumento que, además, exige mucho más coraje, muchos más redaños, por parte de quien la empuña.

Eulogio López

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