No oiga, si yo estoy a favor con entusiasmo del teletrabajo. Sobre todo para las madres trabajadoras -o padres, aunque siempre será la madre quien suele llevar el peso-, porque esa sí es la gran marginación, de índole natural, que sufre la mujer en el ámbito laboral a la hora de competir con el varón, la maternidad, y no las chorradas feministas.

Repsol asegura que tiene teletrabajando a 1.000 personas, 900 de ellas en España, la mayoría mujeres. Y lo aplaudo. Incluso habría que pagar un plus a los teletrabajadores porque ahorran mucho dinero a la empresa y no pierden el tiempo en reuniones. Ese ahorro de costes debería ser remunerado... y muchas veces no lo es.

Muy cierto. Ahora bien, me gustaría saber si no se utiliza el trabajo a distancia como una forma para evitar el ascenso de aquellas mujeres valientes que optan por la maternidad y aquellos matrimonios corajudos que optan por la familia numerosa. Ya saben, sobre todo en el sector público y en las grandes empresas, si no conspiras en los pasillos no asciendes. Y si no viajas, tantas veces para cuestiones inútiles, no asciendes.

Y no nos engañemos, las empresas le tienen manía la maternidad. Una gran estupidez, porque no hay trabajador más responsable que la madre de familia. No lo olvide don Antonio Brufau (en la imagen junto a la ministra de Empleo, Fátima Báñez): la maternidad multiplica la responsabilidad.

Por lo demás, que viva el teletrabajo.

Eulogio López

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