S.M. el Rey de España (en la imagen junto a la reina Sofía) está convaleciente, así que no acudió a la fiesta de la Constitución celebrada en el Senado el jueves 6. S.A.R. el Príncipe Felipe tampoco acudió. S. M. la Reina de España decidió visitar -en compañía de su primogénita, la Infanta Elena- a su hija Cristina, señora de Urdangarín, en Barcelona, con motivo del cumpleaños de uno de los hijos de los Duques de Palma.

Desde la Casa Real se apresuraron a asegurar que la Familia Real sólo acude a los actos oficiales del 6 de diciembre en el caso de que se trate de un aniversario solemne. Uno aseguraría que en un momento en que los nacionalistas catalanes y vascos se han echado al monte, a lo mejor la ocasión quería tanta solemnidad como relevancia... pero aceptamos pulpo como animal de compañía. Como aseguró el portavoz parlamentario del PP, Alfonso Alonso, brillante por una sola vez y sin que sirva de precedente, "ningún nacionalista falló a la cita: no acudió ninguno".

En cualquier caso, enviar en representación de la Casa Real al funcionario Rafael Spottorno, experto en meterse en líos y en meter en líos al monarca, no parece lo más adecuado. Este personaje, junto al nuevo portavoz regio, el periodista Javier Ayuso, están consiguiendo que la antes intocable Familia Real se convierta en el hazmerreír de monárquicos, republicanos, españoles y secesionistas. Ellos se bastan y sobran para conducir al país hacia la III República.

Y todo ello cuando estamos pendientes de la recuperación del Rey. Mejor dicho, estamos pendientes de qué papel podrá jugar el monarca tras su nuevo paso por el quirófano. La reina consorte y el príncipe heredero sí debían haber estado en el Senado. A fin de cuentas, la Constitución es la garantía de unidad de la nación española, que no deja de ser el primer cometido de la Casa Real.

Eulogio López

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