Me equivoqué totalmente: ¡Qué error, qué inmenso error! El efecto del macroacuerdo de la macrocumbre del macroeurogrupo sobre el segundo plan de ayuda a la deuda griega no duró 30 días en los macromercados: duró 30 horas mal contadas. El martes 26 ya estamos con la prima de riesgo española disparada, pagando la deuda que emitimos a precio de oro y, en definitiva, al borde del abismo.

Al otro lado del Atlántico, el brillante presidente Barack Obama, de visión aún más chata que los líderes europeos, pretende endeudase más y subir más los impuestos. Es decir, justo lo contrario de lo que hay que hacer. En su genial demagogia, Obama explica que "Washington" está poniendo a Estados Unidos -y con él a todo Occidente- al borde de la quiebra. ¿Lo cogen? Washington son los pérfidos republicanos, él habita en la Casa Blanca pero representa a todo el pueblo norteamericano y, si le dejan, a toda la progresía mundial. Esto es, a quien nos está llevando a la ruina.

Pues no, esta vez los congresistas republicanos tienen toda la razón: lo que hay que hacer es no emitir deuda aunque hay que presentar quiebra. Es la única manera de que políticos irresponsables, como Barack Obama, dejen de echar agua al océano de liquidez y especulación en el que se ha convertido Occidente.

De hecho de esta crisis sólo saldremos cuando dejemos de fabricar dinero, cuando dejemos de emitir deuda. Ese sí sería un acuerdo revolucionario, positivamente revolucionario. Y es un acuerdo político.

Eulogio López

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