No basta con reducir consejerías y eso que se han reducido muchas: una cincuentena, con los cambios electorales. María Dolores de Cospedal, presidenta de Castilla La Mancha y secretaria general del PP, ha comenzado su mandato auscultando la herencia recibida.

Mal herencia de deudas, de acuerdo. Ahora bien, no vale arremeter contra el socialista José María Barreda y al tiempo no explicarnos lo que piensa hacer para reducir el gasto público.

Cospedal reduce organismos públicos, de acuerdo, pero eso no basta. La crisis es de tal calado que el PP debe empezar a reducir el sector público en su totalidad. Por sobrar, sobran incluso los 17 parlamentos regionales, las 17 estructuras de mando judicial, las 17 -bueno, estos no son tantos- oficinas de defensor del pueblo. El PP debería ir pensando ya en propuestas tales como implantar el presidencialismo en las autonomías, aunque para ello sea preciso reformar los Estatutos y la Constitución. Al menos debe plantearlo y poner al PSOE en el brete de tener que negarse a hacerlo.

Y, de paso, Cospedal, que aspira a la vicepresidencia del Gobierno de España, debería también introducir la limitación de mandatos en La Mancha, asimismo preámbulo de la limitación de mandatos en Moncloa y en todo cargo público. A 8 años, ni uno más. Sería la forma de acabar con la corrupción y de regenerar España.

Es el síndrome Cospedal. Ahora, que está en la cresta de la ola, es cuando, desde La Mancha, debe plantear los cambios en profundidad. Si continúa quejándose de la herencia recibida nunca saldremos del hoyo. La Mancha es hoy un laboratorio de ideas para el conjunto del país. Sólo hay un sector económico en el que el paro debe aumentar: los políticos.

Eulogio López

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