Decíamos ayer que la peor cristofobia es la que anida en el occidente cristiano. Es así, con un Occidente suicida golpeando a su propia madre, como la persecución contra los católicos adquiere impunidad.

De hecho, Egipto se parece cada vez más a Paquistán, donde la alianza entre el fundamentalismo -que controla el ejército y la policía- y el silencio occidental han terminado en matanza de cristianos por el simple hecho de creer.

Un ejemplo de esa connivencia occidental lo tienen en el diario La Vanguardia de martes 11. Titular: "La minoría cristiana de Oriente medio teme perder el ala protectora de los dictadores" ¡Y el que quiere aprender que vaya a Salamanca! Es decir, que la primavera árabe, donde las tanquetas del ejército masacran a los coptos, se debe a que los coptos apoyaban al dictador Mubarak. Fue Mubarak quien desairó al Vaticano cuando unos energúmenos asesinaron -noche de fin de año- a más de veinte cristianos a las puertas de una iglesia copta.

También se menciona a Siria, donde los cristianos, según el cronista, se sienten bien bajo al ala protectora de Bashar al Asad, en lugar de apoyar las revueltas. A lo mejor es porque los cristianos saben que si triunfan los revoltosos -que no son demócratas sino fundamentalistas- les van a masacrar.

Es lo mismo que ocurrió en España durante la II República. Los católicos se pegaron al golpista Franco por la sencilla razón de que el democrático Régimen de la II República los estaba masacrando con la connivencia del Gobierno -muy democrático, como creo haber dicho antes- que en el mejor de los casos miraba hacia otro lado. De hecho, habrá que insistir, Franco no hubiera ganado la Guerra Civil si la democracia republicana hubiera dejado en paz a los católicos y les hubiera permitido su derecho a la  libertad de culto, como era su obligación. Desengáñense: no existe democracia sin libertad religiosa. Soy tan entusiasta como el que más de la democracia, el mejor régimen político. Pero la democracia no se puede quedar en el voto cuatrienal. Democracia no es sólo votar y elegir al Gobierno, es también respetar a las minorías y, sobre todo, respetar los derechos humanos de todos, que no son negociables. De otra forma, las elecciones se convierten en una estafa.

Pero el anticlericalismo no entiende de estas quisicosas. Por ejemplo, en la misma edición del mismo diario, se analiza cómo se interpreta en la prensa occidental el triunfo de los liberales polacos de Donald Tusk en las elecciones celebradas en aquel país: "Polonia conforma su giro hacia una sociedad más europeísta y laica". Según los cronistas de la prensa progre española los polacos han votado contra la injerencia de la Iglesia en la política. Pero vamos a ver: ¿quién, si no la Iglesia, trajo la democracia a Polonia y al resto de la Antigua Europa leninista? No fueron los obreros de los astilleros de Lenin, que rezaban el rosario y se confesaban mientras retaban a la mayor tiranía del mundo moderno? ¿No fue Juan Pablo II quien derrumbó el estalinismo imperante en todo el mundo y su repugnante concepción del hombre como esclavo? Y la pregunta más relevante: ¿Nos hemos vuelto todos medio lelos o sufrimos de enajenación transitoria?

Eulogio López

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