Diego Torres, el ex socio de Iñaki Urdangarín, y David Rocasolano, el primo de doña Letizia Ortiz Rocasolano, princesa de Asturias y futura Reina de España (en la imagen) son dos de nuestros peores ciudadanos.

El uno publica la privacidad del yerno del SM el Rey y el otro en la de su prima. El primero intenta destruir a su ex socio y también su matrimonio, el segundo destruye la imagen de la futura Reina y el prestigio del futuro Rey, al que poco menos que sitúa como connivente de la ocultación del presunto aborto.

Pero la creación de los medios ha sido bien distinta en un caso y en otro. Los señores de la prensa y de la televisión han decidido airear a los cuatro vientos las acusaciones contra Urdangarín y ocultar contra viento y marea, la de doña Letizia. Silencio total. Bien está silenciar los libelos pero no el hecho concreto del presunto aborto de la futura reina consorte.

No obligaría a ninguna otra mujer a que revelara su vida pasada o que se arrepintiera de su 'pasado salvaje', pero sí a quien va a ser Reina de España, como hizo quien va a ser reina de Noruega, Mette-Marit, se manifieste sobre el aborto, que es el asunto que nos ocupa. Porque, de otra forma, tendremos que dar por cierto que sí abortó, y la Monarquía del siglo XXI o es una referencia moral para el pueblo o no es nada. No se trata de que pida perdón sino de que manifieste su arrepentimiento o, al menos, su opinión sobre su... 'pasado salvaje'. No se trata de que la Monarquía no aborte -que también- se trata de que la Monarquía defienda el primer derecho humano y la base de la democracia: el derecho a la vida.

Porque miren ustedes, si doña Letizia abortó perpetró una burrada mucho más gorda que Urdangarín con sus andanzas petitorias.

Sigo esperando.

Eulogio López

[email protected]