• No está dispuesto a marcharse por imposición… nacionalista o mesetaria.
  • Pero la nueva operación es aún más delicada que la anterior.
  • En resumen, si recupera la movilidad hay rey para muchos años.
  • Y para recuperar el papel perdido de ser una referencia moral de los españoles.
  • Encima, su abdicación se une al finiquito del régimen constitucional del 78, algo que resulta especialmente peligroso a día de hoy.

El artículo de José Antonio Zarzalejos ha echado leña al fuego. Que los nacionalistas catalanes y vascos, más o menos republicanos, pidan la abdicación del Rey de España es lógico. Ellos tratan de romper la unidad del país y Juan Carlos I es la imagen de esa unidad y tiene el mandato legal de velar por la misma. Pero que lo pida un, por otra, parte gran periodista, mesetario, como José Antonio Zarzalejos, resulta mucho más impactante.

Es cierto que Juan Carlos I no salió bien de sus operaciones anteriores. Ni sus piernas ni sus caderas soportan su peso y en la siguiente intervención del 3 de marzo se la juega. Si todo sale bien puede estar fuera de circulación durante más de un mes. Si sale mal puede perder la movilidad de forma permanente. Entonces sí, si se plantearía la abdicación en su hijo, SAR Felipe de Borbón.

Pero será por razones médicas. El Rey no está dispuesto a marcharse por imposición de los políticos nacionalistas o mesetarios.

Y lo peor es que la abdicación real se liga a un cambio de régimen. El eslogan actual en España es éste: el régimen Constitucional de 1978 se ha terminado. Por tanto, debe darse por terminada, o bien la Monarquía borbónica, o, al menos, el reinado de Juan Carlos I. Ojo, porque algunos defensores del eslogan pretenden una constitución más centralista, mientras otros prefieren la independencia.

Además, el asunto tiene sabor a contradicción. Si se pretende cambiar la Constitución y abrir una nueva etapa, no parece buena idea pedir la abdicación del forjador de ese régimen, que debería utilizar toda su autoridad moderadora para empujar el cambio, que ningún partido, ni probablemente la unión PP-POE, podría lograr. El futuro Felipe VI no posee -ni puede poseer- la autoridad que da los casi 40 años el Reinado de Juan Carlos I. Y menos en tiempos de crisis, donde no conviene distraer la atención. Además, cuando la unidad del país está amenazada, no parece una buena idea prescindir del principal factor de unidad que sostiene el entramado.

Pero lo que sí es cierto es que los escándalos que salpican a la Monarquía han mermado esa autoridad arbitral y, aún más, la autoridad moral -el principal arma de un monarca en el siglo XXI- de Juan Carlos I. El Rey ha dejado de ser esa referencia moral, basado en unos principios de antropología cristiana que constituyen la esencia de España.

Pero la abdicación, aquí y ahora, depende, sobre todo, de la movilidad del Rey. Sin movilidad, no puede reinar. Si se recupera, hay rey para más de un lustro.

Eulogio López

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