Sí, a lo mejor tienen razón los lectores que me acusan de hacer una crítica "negativa" sobre la reforma, en mi artículo sobre la polémica iniciativa del Gobierno Rajoy.

Intentaré completarlo. Un Gobierno no crea empleo -eso corresponde a los emprendedores y empresarios-, sino impuestos. La política económica es, antes que nada, política fiscal y política de rentas. Sí, de rentas, porque, aunque es cierto que el Gobierno no fija los salarios del sector privado, si los 'indicia' -perdón por el palabro-. Lo hace mediante la fijación del salario mínimo, que marca la escala salarial de todas las rentas bajas.

Y es cierto que el emprendedor, para perder el miedo a contratar, no le basta con perder el miedo a despedir si vienen mal dadas. Eso preocupa, sobre todo, a la gran empresa, las que despide de cien en cien, no a la micropyme. El pequeño empresario lo que quiere es que no le ahoguen con los costes laborales -sobre todo con las cuotas-, que es lo que no cobra el trabajador.

Por tanto, insisto en que las tres patas básicas de una reforma laboral que cree empleo es reducir -o anular- las cuotas sociales y cambiarlas por IVA. Eso, unido a una subida -hasta los 1.000 euros neos mensuales- del salario mínimo interprofesional, pues o se mueve el consumo o no se creará empleo.

El emprendedor necesita, además de que no le frían a impuestos y a burocracia, y de que no le penalicen el beneficio, algo de dinero para empezar.

Y aquí sí que podrían tener razón mis críticos. El siglo XXI es el siglo de los emprendedores y de cuentapropistas, es decir, aquellos que se crean su propia máquina de facturar.

Sí, no estaría mal que el ICO sólo otorgara créditos a quien pone su nueva máquina de facturar, a ser posible cuando quieren poner en marcha una microempresa porque no encuentran su primer empleo o porque están parados. Que el ICO se convierta en el financiador de la microempresa me parece estupendo.

Pero la clave creo que sigue estando en flexibilizar al máximo el mercado de trabajo -despido libre-, en reducir los impuestos que gravan el empleo y el impuesto sobre beneficios y, a cambio de estas dos medidas que se lo ponen más difícil a los empleados por cuenta ajena, en subir los salarios mínimos para que repunte el consumo. Por eso no me gusta el proyecto de reforma laboral del Gobierno. Y no, no creo que los líderes sindicales, Toxo y Méndez, planteen estas alternativas. Los sindicatos CCOO y UGT no se preocupan ni de salarios, sino de subsidios.

Eulogio López

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