• Y luego vendrá Benjumea y Cabeza de Vaca, el secretario del Consejo, conocido como el rey de los bufetes de España.
  • Ana Botín también ha sido dura con Fernando de Asúa, el fiel escudero de su padre.
  • Lo más llamativo: que haya convertido a José Antonio Álvarez en su segundo, un hombre con el que apenas ha tenido relación profesional. 
  • Vamos, que nadie podrá acusarle de amiguismo. Eso sí, muy dura con Javier Marín, jubilado a los 48 años. 
  • Ana Botín imita los modos anglosajones: la dirección financiera, que no la comercial, eje del proceso.
  • Más 'ejecutiva' que su padre, la presidenta del Santander no ha esperado a la Junta para realizar cambios. Ha llegado a una entente con los fondos.
  • Cabreo en el BBVA, por el nombramiento de José Antonio Álvarez y en el Sabadell, por el de Sol Daurella.

Realmente ha sido una verdadera revolución los cambios en la cúpula del Grupo Santander: la revolución de Ana Botín (en la imagen) que ha roto con el esquema de dirección de su padre, Emilio Botín, apenas dos meses después del fallecimiento de éste.

Y por sorpresa, pues nadie esperaba que AB forjara su propio equipo hasta la próxima Junta General de Accionistas. Ya saben, hasta que los fondos de inversión y de pensiones, los señores de todas las grandes corporaciones del mundo, los que nunca se comprometen con la gestión pero la condicionan. Ya saben, a los fondos nos les gustan las empresas familiares, quizás porque implican un deseo de continuidad y a los que los fondos les gusta es la propiedad que cambia de manos cada día, a ser posible vía opas.

Y todo parece indicar que la Revolución AB no ha concluido. Por de pronto, aunque Matías Rodríguez Inciarte, vicepresidente y miembro de la Dirección, y su hermano, Juan Rodríguez Inciarte, consejero y con control sobre banca al por mayor, no salen pero se quedan fuera de toda función ejecutiva.

Y no sólo son los Inciarte quienes están en la cuerda floja. Por ejemplo, lo está Enrique García Candelas, responsable de banca comercial, poco del agrado de AB y que deberá hacer mucho si quiere quedarse.

La primogénita de los Botín nunca se ha entendido con el secretario del Consejo, Ignacio Benjumea y Cabeza de Vaca, conocido como el resto de los bufetes, por su gran influencia sobre los grandes despachos nacionales, especialmente Uría y Menéndez. Para sustituir a Benjumea, no sólo como secretario del Consejo sino como director jurídico, Ana Botín confía en Pérez Renovales, el secretario general de Presidencia del Gobierno y mano derecha de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Pero tendrá que esperar porque el Gobierno no le suelta.

Lo más duro: jubilar al consejero delegado, Javier Marín, que cuenta con 48 años de edad. Marín sustituyó a Alfredo Sáenz y nunca fue santo de la devoción de Ana Botín. Pero nadie podrá acusarle de amiguismo, pues ha nombrado a José Antonio Álvarez como número dos del banco. Hombre criado en Argentaria, luego BBVA y fichado por Sáenz. AB alberga tiene menos querencia a la banca doméstica como su padre, Emilio Botín y está premiando a los directores financieros, al modo anglosajón. Ahora bien, nadie podrá acusarle de amiguismo: es cierto que ha elevado a Ripoll, a García Cantera, gente de su equipo y que se ha traído a buena parte del equipo de Santander Reino Unido, pero con Álvarez apenas había coincidido. Por cierto, el nuevo Ceo del Santander no es un dechado de simpatía. Un tipo frío que hace realidad uno de los aforismos favoritos de Emilio Botín: "Lo que no son cuentas son cuentos".

Consejo de administración: tampoco le ha temblado el pulso al prescindir de Fernando de Asúa, el escudero de su padre, que estaba en el secreto de la sucesión programada. Y del hotelero y ex ministro, Abel Matutes, otro octogenario. Eso sí, no sólo no ha prescindido sino que ha elevado a vicepresidente a  Rodrigo Echenique, el testaferro de la familia Botín y uno de los hombres a los que más aprecia Ana Botín. Él fue quien dirigió la sucesión y ahora seguirá siendo el principal consejero de AB como lo fue de su padre.

En definitiva, Ana Botín consiguió en un primer momento, tras la muerte de su padre, pacificar el patrimonio familiar -seis hermanos, con el que se controla el banco-. Luego ha conseguido, en tiempo récord, tranquilizar a los institucionales, y, en tercer lugar, ha comenzado su revolución en el Consejo y en el equipo ejecutivo. Ha demostrado ser, incluso, más ejecutiva que su padre. Y no le han importado lo más mínimo los cabreos de Francisco González (BBVA), empeñado desde hace cinco años en que Álvarez no puede trabaja en el Santander por incompatibilidad (¡qué pesado se pone FG en este punto) y de Josep Oliú, presidente del Banco Sabadell, a quien ha quitado a su consejera, a la cocalera Sol Daurella. Por cierto, ¿es lógico administrar una entidad y en dos semanas pasarse a la competencia

Eulogio López

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