Para aclarar dudas sobre mi dedicatoria a San José y la crisis de la virilidad. Lo primero, aclarar que San José es fiesta de precepto con obligación de asistir a la Eucaristía, como cualquier domingo. Entonces, ¿dónde está la nefanda influencia del calendario civil -Felipe González suprimió la fiesta de San José del calendario laboral- entre la clerecía Pues, por ejemplo, en Madrid. Algunas parroquias madrileñas han informado -o han callado- a sus feligreses que el miércoles 19 de marzo de 2014 no era día de precepto. Pues les han engañado. Lo es.

Pero lo importante no es eso, lo importante es la tendencia, que dirían los sociólogos. Lo importante es cómo se reacciona en España ante un ataque de la sociedad civil contra el calendario religioso, uno de los ejes de la vida pública. Pues en España lo hacemos según nuestro ancestral binomio clerical/anticlerical. Ya saben que clericalismo y cristofobia siempre van de la mano.

Lo explicaré con un ejemplo. Recuerdo que años atrás estaba en Nueva York, y coincidió con la fiesta del Corpus Christi. En España, siguiendo los modos civiles, simplemente se trasladó esta conmemoración al domingo, con lo que se difuminó la celebración. En Nueva York, ciudad progre por antonomasia de los Estados Unidos, aquel jueves era laboral según el Estado pero era fiesta de precepto según la Iglesia. Me hospedaba cerca de un parroquia anexa a la Tercera Avenida. ¿Qué hizo el claustro Sencillo: celebró misas de 6 a 9 cada media hora, antes de empezar el trabajo (8 y 9 de la mañana, por lo general). Es decir, siete eucaristías seguidas. Y, al menos en la que yo asistí, había muchos fieles. Luego se fue todo el mundo a trabajar. Oiga, y la garita de los confesionarios… con bicho dentro durante las celebraciones.

Los sacerdotes se quejan de que las iglesias se vacían y por eso reducen el número de misas. A lo mejor, la estrategia a seguir es la neoyorquina, no la madrileña: si pones más eucaristías la gente acude más, si las reduces acude menos.

La Iglesia vive de la Eucaristía, decía Juan Pablo II. Pues eso. Porque es cierto que Cristo no puede perdonar a quien no quiere convertirse. Pero tampoco hay que ponerlo difícil ¿verdad

Eulogio López

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