El sacrilegio está de moda. Tras las profanaciones de capillas y sagrarios católicas, son muchos los católicos que exigen a los obispos que denuncien a los tribunales.

Yo creo que hacen bien en no hacerlo. Los obispos no deben denunciar a nadie, entre otras cosas porque insisto: hay dos tipos de personas, los buenos y los malos: los primeros son los que no denuncian al prójimo. La jerarquía eclesiástica debe construir, no atacar.

Pero los laicos sí. Los tribunales son cosa de laicos. Por eso, el Centro Jurídico Tomás Moro, ha hecho muy bien en llevar a los tribunales a las "golfas sin fronteras", como alguien las llamó, que entraron en la capilla de la Complutense para enseñarnos sus domingas.

Y ojo, porque aún más peligroso, y más representativo, de lo que está ocurriendo son las profanaciones que no pretenden llamar la atención, que no son vandálicas o las que buscan el robo, sino las satánicas, la, por ejemplo, perpetrada en la popular barriada madrileña de Carabanchel: allí sólo se robaron las formas consagradas, cuyo valor material es nulo y donde el ladrón opera con la impunidad de quien sabe que no va a ser perseguido, al menos por la policía. El que roba formas consagradas pretende otra cosa y representa otra cosa.

Eulogio López

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