Chacón, Blanco y el traidor Chaves, en campaña a favor de ZP

 

Probablemente haya sido ésta la peor semana para Alfredo Pérez Rubalcaba desde que se convirtiera en vicepresidente primero y hombre fuerte del Ejecutivo español. Aseguran los felipistas que Zapatero no ha cumplido su palabra de dimitir en cuanto hubiera aprobado la reforma de las pensiones. Los zapateristas afirman que no hubo promesa alguna y que no habrá dimisión sin convocatoria electoral.

Tarde del viernes 28 y todo el sábado 29, la ministra de Defensa Carme Chacón, que anhela la candidatura y sólo podrá ejercerla si sucede a Zapatero con el apoyo de éste, el ministro de Fomento, Pepiño Blanco, cuya carrera política acabaría en Galicia sin ZP, han dejado de hablar en pasado de Zapatero e intentan que permanezca en el cargo hasta las Generales de 2012. Vamos, que agote la legislatura y en Moncloa.

La cumbre autonómica del PSOE en Zaragoza ha servido para la puesta en escena, pero la presión del Felipismo continúa.

Ahora bien, si hay algo que Felipe González, valedor de Rubalcaba y de Javier Solana como recambios inmediatos, sin espera a las urnas, no perdonan es la actitud traidora del vicepresidente tercero, Manuel Chaves, quien ha pasado de estar entre los conjurados a lanzar el ditirambo a Zapatero. Tan sólo cinco días antes del acuerdo, el lunes 24, en el restaurante el Frontón de Madrid, Chaves recibía doctrina de González en un almuerzo donde el vicepresidente pudo comer muy poco, atareado como estaba en escribir en una libreta las instrucciones del ex presidente y alma nutricia del socialismo español.

La idea de Felipe González es que Zapatero no puede ganar las elecciones de 2012 al PP, que el cambio debe hacerse ahora, sin perder un segundo, para permitir que Rubalcaba aproveche todo el tirón de la prensa socialista y, sobre todo, de las televisiones, para intentar darle la vuelta a las encuestas. Pero ZP se resiste: le tiene un avieso afecto al sillón de mando.

Y eso a pasar de que la Encuesta de Población Activa -4,7 millones de parados, un 20,7% de la población-, publicada el viernes- sería condición suficientemente para que cualquier político sensato presentara su dimisión.

La presión continúa y el próximo día 2 de febrero, donde se firmará el acuerdo de pensiones con los interlocutores sociales, podría ser un buen momento para marcharse en posición ligeramente airosa.

Zapatero pasará la historia de la democracia española como el mayor desastre no natural que haya afrontado España. Pero eso a él no parece importarle demasiado.

Eulogio López

[email protected]