El vicepresidente evita por todos los medios referirse a su papel como sucesor

 

Más de un periodista se frotaba las manos en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de este viernes. Las palabras de Bono el pasado miércoles elogiando al vicepresidente-liebre ante los periodistas parlamentarios, prometían traer cola este viernes. Pero Rubalcaba no quiere polémicas en torno a la sucesión de Zapatero, ni siquiera entra al trapo de lo que llama los temas cinegéticos. Cuando le preguntan si se siente cómodo como presidente en funciones (Zapatero se encuentra en Bruselas), se pone el traje de hombre serio y responsable y da largas argumentando que no habría asumido ninguna responsabilidad si no se sintiera cómodo. Es fácil de entender que el vicepresidente no quiera ser candidato para perder.

Desde que es portavoz del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba se ha empeñado en establecer dos costumbres: decir que el Gobierno es transparente y servicial y reducir la información que ofrece a la prensa, en comparación con su antecesora. El vicepresidente se ha prohibido a sí mismo y a los ministros que le acompañan formar corrillos con los periodistas tras las ruedas de prensa. Al mismo tiempo, sus comparecencias ante los medios están más limitadas en el tiempo y en ocasiones como las de este viernes la información es más técnica que política procurando que algunos temas pasen inadvertidos.

Mariano Tomás

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