La liturgia católica no se mueve por modas entre otras cosas porque la verdad sobre el hombre no es una moda.

Por eso, en todo el siglo XX sólo se ha añadido al calendario litúrgico, en el último año del siglo: corría abril de 2000 cuando Juan Pablo II canonizaba a su compatriota, la polaca Faustina Kowalska y, al mismo tiempo, fechaba en el segundo domingo de Pascua -este año 2012 el próximo domingo 15 de abril- la nueva festividad.

Cuarenta años tardó la Iglesia en aprobar las revelaciones de Santa Faustina. Y no es para menos. Es la mística más importante de la modernidad y no parecía un instrumento elegido por ningún comité: en efecto, Santa Faustina sólo estuvo en la escuela tres años, se dice pronto. ¿Cómo podía entonces escribir lo que ha escrito en su Diario? Imagínenselo.

Intentaré resumir ese mensaje: Vivimos una etapa fin de ciclo y Dios se ha servido de Santa Faustina Kowalska para explicar a la humanidad que el principal objetivo es confiar en su misericordia. Es la hora de la misericordia, previa la ahora de la justicia, que puede ser terrible. Pero basta con confiar -la fe no es más que confianza, la esperanza y la caridad lo mismo- en la bondad de Dios Padre.

Un mensaje que a pesar del interdicto vaticano -hizo bien, la Iglesia nunca se precipita en el mensaje- se ha extendido por todo el mundo, primero como devoción privada, luego como parte de la liturgia eclesial. Ahora, el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, ha convocado para el próximo domingo, en la catedral de La Almudena, una oración- reflexión sobre la Divina Misericordia seguida de una eucaristía, a las 17,00 horas. ¡Bien por Rouco!

Eulogio López

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