Lo del diario Expansión de este jueves ha sido una muestra del cainismo que mueve España. Más bien tonticainismo. Es decir, una pelea entre empresarios y políticos españoles de las que se acabará beneficiando cualquier extranjero, sea ruso, chino, árabe o italiano.

No teníamos bastante con Endesa, hoy propiedad del Gobierno italiano tras una batalla entre Cataluña y Madrid y tras el pelotazo ignominioso de los Entrecanales, y ahora entramos en la petrolera española de referencia: Repsol, presidida por Antonio Brufau (en la imagen).

No, no me gustan las grandes empresas, me gustan las pymes y la pequeña propiedad privada. Ahora bien, tener un grupo de locomotoras empresariales que tomen sus decisiones de inversión en España y no fuera, no parece una mala idea. De hecho, es una idea que ponen en práctica todos los países con sentido común, no aquellos que se dedican a degollarse.

Eulogio López

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