• La petrolera dio por fin carpetazo a la argentina y logró incrementar su beneficio neto un 47% de enero a junio, hasta los 1.327 millones de euros.
  • Sin embargo, la compañía suspendió su producción en el país africano durante el segundo trimestre y la reanudó a principios de julio. Algo que no es baladí, pues la del campo de Al Sharara (38.000 barriles diarios) supone más del 10% del total.
  • El régimen de Gadafi cayó hace casi tres años, pero Libia aún no ha encontrado la paz, sino que está inmersa en una lucha entre diversas milicias.
  • Las islamistas no reconocen la legitimidad del nuevo Parlamento, tras las elecciones de junio, y acrecientan su combate contra las laicas, pues toman el aeropuerto de Trípoli.
  • La respuesta del rival no se ha hecho esperar: aviones militares bombardean la capital.
  • La situación actual muestra el desastre provocado por Obama y la OTAN: para echar a Gadafi metieron a yihadistas, lo que desestabilizará a sus vecinos: Egipto y Argelia.

Repsol tiene dos asuntos importantes sobre la mesa en estos momentos. Por un lado, el presidente de la petrolera española, Antonio Brufau (en la imagen), prepara dos relevos, por un lado el de YPF y por otro, el de Libia. Es decir, quiere dar carpetazo a dos temas que últimamente han sido más un problema que una alegría y de los que parece que quiere olvidarse de una vez por todas.

Recordemos brevemente el primer asunto, el de YPF. A primeros de mayo, Repsol recibió, por fin, bonos soberanos por parte del gobierno argentino como compensación por la expropiación de YPF. Unos bonos que la petrolera monetizó y con los que logró casi 5.000 millones de dólares (unos 3.787 millones de euros) en varias operaciones de venta realizadas a JP Morgan. Pero además rompió del todo sus relaciones con YPF, ya que vendió el 12,38% que poseía de la petrolera argentina y logró otros 1.316 millones de dólares (unos 997 millones de euros). Un carpetazo con el que han salido ganando, pues ha incrementado un 47% el beneficio neto del primer semestre (1.327 millones de euros).

Vayamos con el segundo tema que es algo más complejo que el anterior: Libia. Repsol tuvo que suspender su producción en el país africano durante el segundo trimestre por motivos de seguridad, a raíz de la inestabilidad patente por la lucha entre diversas milicias. Sin embargo, a principios de julio, han podido reanudar la producción. Algo que no es baladí, pues la del campo de Al Sharara, unos 38.000 barriles diarios, supone más del 10% de la producción total de la compañía.

A finales del mes pasado, el director financiero de Repsol, Miguel Martínez, en una conferencia con analistas sobre los resultados del primer semestre, se mostró optimista acerca de la recuperación de la producción en Libia y mantuvo el objetivo de aumentar la producción de la compañía un 7% en 2014. Una meta que desveló en mayo, sin contar con la aportación del país africano. Y es que de enero a junio, la producción de hidrocarburos se situó en 340.000 barriles equivalentes de petróleo al día (bep/d), un 5,5% menos que en 2013, aunque 26.800 bep/d de nueva producción -Brasil, EEUU; Rusia, Perú, Bolivia y Trinidad y Tobago- compensaron la interrupción temporal de actividad en Libia y las paradas por mantenimiento en campos de Trinidad y Tobago.

Conviene recordar que el régimen de Gadafi cayó hace casi tres años, sin embargo el país africano aún no ha encontrado la paz, sino que está inmersa en una lucha entre diversas milicias, que no sólo luchan por el control de posiciones importantes (Trípoli, Bengazi...), sino que también quieren tener bajo su dominio los recursos petrolíferos. El pasado mes los combates se volvieron más crueles: bombardeos, evacuación de funcionarios de la Organización de Naciones Unidas (ONU), cierre de embajadas occidentales y suspensión de vuelos.

Entre las milicias, destacan las islamistas de Misrata, que no reconocen la legitimidad del nuevo Parlamento, creado tras las elecciones de junio, y acrecientan su combate contra las laicas -entre ellas las de la ciudad de Zintán-. Además han tomado el aeropuerto de Trípoli, según han difundido por las redes sociales, que, desde la caída del régimen de Gadafi en 2011 controlaban sus rivales.

La respuesta de las milicias laicas no se ha hecho esperar y varios aviones ya han bombardeado la capital libia. Sin embargo, no es la primera vez que esto ocurre, en otras ocasiones los aviones del general Jalifa Hafter, aliado de las milicias de Zintán, fueron los autores. Veremos si en esta también.

La situación actual muestra el desastre ocasionado por el presidente de EEUU, Barack Obama, y la OTAN, que para derrocar a Gadafi metieron a yihadistas, y les ayudaron. Es cierto que, al igual que ocurrió en Irak con Sadam Hussein, derrocaron al dictador, pero no lograron la paz, sino que sembraron la inestabilidad. Pero lo de Libia puede pasar a mayores, puede desestabilizar a sus vecinos: Egipto y Argelia.

Cristina Martín

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