Claro que hay que simplificar las decenas de contratos de trabajo. El titular de Economía, Luis de Guindos, tiene razón; un solo contrato, indefinido, con una indemnización por despido de 20 días y un máximo de un año.

Y aún debía darse un paso más: el despido libre, pagado pero libre, desjudicializando el mercado de trabajo. No es el juez quien debe decidir si la empresa necesita o no un trabajador: es el propietario de la misma. El empresario no es un malvado que despide para hacer daño: contrata cuando necesita trabajadores y despide cuando no factura lo suficiente.

Hasta ahí, De Guindos tiene razón y la patronal también: no la tienen los sindicatos, que pretende mantener el doble artificio del puesto de trabajo eterno y del subsidio de paro eterno que, además, fomenta la indolencia.

Ahora bien: lo que hay que pedirle al empresario, y al gobierno, son salarios dignos… que en España no los hay, y reducción de los impuestos laborales.

Por ejemplo, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría pide promocionar el empleo a tiempo parcial. Sí claro, pero eso no es posible en España, un país donde el salario mínimo interprofesional es de 641 euros brutos mensuales (por catorce pagas), porque el salario mínimo de cuatro horas se quedaría en 320, menos que la renta pública de subsistencia y con el que, sencillamente, no se puede vivir. Lo lógico es elevar el SMI has los 1.000 euros netos mensuales.

Y, en contraprestación, al mismo tiempo, reducir los carísimos seguros sociales con los que se financian las pensiones y el subsidio de desempleo, y sustituirlo por IVA. En un salario medio español es muy probable que el empresario, entre IRPF, Seguridad Social y otras servidumbres de la nómina -tan queridas por los sindicatos de clase- pague el doble del dinero que el trabajador se lleva a casa. Esa es la razón por la que España duplica la media del paro de los países de nuestro entorno.

Lo malo es que el Gobierno aspira al despido libre, lo que está muy bien, y al contrato indefinido único, lo que está requetebién, pero deja los salarios en la mera subsistencia.

Y, por cierto, sin salarios dignos tampoco hay consumo, y la caída del consumo constituye el gran problema de la economía española. La fórmula para crear empleo sigue siendo la misma: despido libre, salarios dignos, impuestos bajos. El Partido Popular se ha quedado en la primera.

Eulogio López

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