Cada vez que escribo sobre el IV Reich -el Reich financiero-, o sea, el dominio que Berlín ejerce sobre el resto de Europa, se me enfadan los lectores, pelín germanófilos, de Hispanidad. Consideran que exagero de forma perversa y poco rigurosa. Y seguramente ambos fenómenos -falta de rigor y cierta perversidad-, son ciertos.

Llamo en mi auxilio a don Miguel de Unamuno. Ese espíritu tan genial como poco riguroso, que escribía estas líneas durante la I Guerra Mundial y que nos remonta al imperativo categórico kantiano, mismamente el credo que parece seguir hoy, con rigor teutón, el gobierno de doña Angela Merkel. Ya saben, de forma poco rigurosa, que bueno es aquello que, si hiciera todo el mundo, resultaría bien común. Estos idealistas son retorcidos como una viruta.

Pues bien, Unamuno era un tipo listo, así que no le gustaba mucho ni Kant ni Prusia. Incluso, en la comparación migueliana sale ganando el mundo anglo frente al sajón, a pesar de su ligera simbiosis, que no en vano les llamamos anglosajones.

El brillante gruñón de la Generación del 98 asimila la civilización con los postulados del Cristianismo y del Derecho Romano frente a la barbarie germánica: "Basta comparar la filosofía moral inglesa, llamada del utilitarismo, la de un Stuart Mill, cuya base es que las eternas leyes del bien y la justicia son lo más útil para el hombre, con la filosofía moral prusiana del imperativo categórico y el galimatías aquel del bien por el bien… La civilización, que es cristiana y es romana, dice: 'Ama a tu prójimo como a ti mismo'.  O bien, 'no hagas a otro lo que para ti no quieras', mientras que la kultur dice pedantescamente: 'obra de modo que tu acción pueda servir de norma universal'. Lo que parece un lío y es algo peor".

Y concluye: "Como el imperativo categórico no brota y surge de un Dios humano, que no es de una ni de otra raza, sino de la conciencia prusiana, o en todo caso del viejo Gott (Dios), ministro del Imperio, no hay reciprocidad posible. La reciprocidad sólo se concibe cuando, por encima de las dos personas que se reciprocan, hay otra suprema Persona espiritual que no dependen de ninguna de las dos y de la cual dependen ambas".

Y esta es la clave de la fatigosa construcción de la unión europea bajo la égida del IV Reich. Merkel (en la imagen) no concibe otra Europa que la forjada desde los parámetros alemanes. Su gran obra, la que nos está destrozando a los no prusianos, es la Europa monetaria, realizada según los intereses alemanes. No sólo porque el euro ha beneficiado especialmente a Alemania, sino porque los prusianos consideran que su imperativo categórico es el que funciona, y no ningún otro.

Y así, Grecia, Portugal, Irlanda, Italia o España, por no hablar de los países excomunistas, estamos en crisis profunda a mayor gloria de la Kultur germana… que ni tan siquiera beneficia a los ciudadanos alemanes, sino a la kultur germánica, una forma de panteísmo racial como otra cualquiera.

Y así no hay manera, ni de construir Europa ni tan siquiera de construir Alemania. Porque la kultur tiende, indefectiblemente, a la autodestrucción. Igualito que el III Reich.

Eulogio López
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