Se adjudica a Pío Cabanillas, padre, el famoso postulado del "cuerpo a tierra que vienen los nuestros" y los más osados le asignan, además, una coletilla: "Pero aún no sé si soy de los nuestros". Yo añadiría una tercera: ¿Seguro que los nuestros somos nosotros?

De todos los nombramientos del nuevo Gobierno Rajoy el más asombroso ha sido el de la secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, ideóloga abortista que, naturalmente, no frenará la masacre de embriones humanos que se realizan en centros de investigación biogenética que nada han conseguido curar... pero que es un fracaso financiado por el contribuyente.

Nadie espera de Rajoy ni que defienda la vida ni que proteja la familia natural, ni que implante la libertad de educación -muy condicionada-, ni que se respete a los cristianos en los medios públicos ni nada por el estilo. En moral, moral mayoritaria, nadie espera nada del gallego.

Ahora bien, la desilusión por Mariano Rajoy de sus votantes no viene solamente -ojalá- por su tibieza en la defensa de principios éticos básicos sino por sus primeras medidas económicas.

El mundo al revés, parece como si Zapatero hubiera lanzado medidas económicas de derechas y Rajoy se lanzara por el precipicio de las medidas económicas de izquierda. Dicho de otra forma, lo que ha dejado helados a sus votantes es el hecho de que un presidente que en el mismísimo discurso de investidura prometía que no subiría los impuestos suba el impuesto que más daño provoca a las clases medias y bajas: el IRPF. Los ricos tienen otros mecanismos de elusión y, por lo general, les preocupa más el impuesto sobre el ahorro -y tampoco mucho, porque pueden sortearlo- y el impuesto de sociedades, que no se ha tocado. Y tampoco se ha tocado el IVA, donde hay amplio margen de subida, sin preocuparse por el efecto sobre la inflación -éste no es ahora el problema-. No, precisamente el IRFP.

Además, ¿no quedamos en que el PP no iba a subir los impuestos a los ciudadanos sino a reducir el gasto de las administraciones? La herencia de los socialistas es venenosa, de acuerdo, pero hay que ser coherente con el programa electoral.

¿A qué juega Rajoy? Porque el rumor sordo de descontentos de hoy podría convertirse en algarabía mañana, y aún le quedan tres años y once meses de legislatura.

Eulogio López

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