• Por inconstitucional. La norma nacional permite no menos de 16 festivos abiertos y 90 horas de apertura semanal (frente a las 72 horas le Gobierno catalán).
  • Para CIU, la protección del pequeño comerciante es vital.
  • Ante la desaparición acelerada del pequeño comercio, la Generalitat se carga de razón.

Una cosa es pregonar el mercado único entre las 17 comunidades autónomas y otra cosa es qué tipo de mercado único queremos unificar. Esta es la raíz del enfrentamiento entre El Gobierno Rajoy y la Generalitat catalana de Artur Mas.

Ahora, el Ministerio de Industria y Comercio quiere lleva la norma catalana al Tribunal Constitucional. La diferencia entre ambas legislaciones es clara: la catalana quiere proteger al pequeño comercio, generalmente familiar, pymes que no pueden abrir los 365 días del año ni competir en los horarios de las grandes superficies, so riesgo de morir jóvenes por exceso de trabajo.

En Cataluña se permite abrir un máximo de 8 festivos al año y 72 horas por semana. La norma nacional habla de 16 festivos mínimos (algunas comunidades como Madrid no ponen cortapisa laguna) y 90 horas semanales.

La Generalitat tiene toda la razón, porque lo que establece el Gobierno Rajoy es la libertad de la zorra en el gallinero. Por de pronto, la pyme no precariza el empleo, mientras las grandes superficies sí.

Además, abrir todos los días del año no resulta rentable para ninguna gran superficie. Lo que se pretende, el verdadero motivo, consiste en expulsar del mercado al pequeño comercio, como se está viendo día a día por los cierres en cascada de pequeños establecimientos.

Además, la libertad controlada de horarios comerciales es lógica porque contrarresta el mayor poder financiero de las grandes superficies respecto a las pymes. Los grandes compran género en grandes cantidades y obligan a los proveedores a reducir precios... mientras el pequeño propietario paga más caro ese mismo género. Los grandes centros no sólo están precarizando el empleo y destrozando al pequeño comercio: también destrozan a los proveedores.

En definitiva, esta vez el nacionalismo catalán anda cargado de razón.
Eulogio López

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