Lo primero: el señor Mariano Rajoy ha desmentido a Hispanidad y a mí mismo. En nuestra anterior edición titulábamos: "Rajoy creará un banco tóxico de entre 80.000 y 100.000 millones de euros".

Así me lo habían comunicado en el propio partido y así me lo había ratificado la banca española -sobre todos los grandes-. Pero horas después, mañana del jueves, en la Cadena SER, el protagonista del Popular me desautorizaba: "Rajoy niega que vaya a crear un 'banco malo'". Eulogio, ha metido la patona. Sin paliativos. Y aquí no vale decir que me dijeron dado que yo titulé con Rajoy y el interesado lo desmiente. De nada me sirve que los banqueros consultados insistan en que esa es la promesa del PP -a fin de cuentas, son parte interesada- y de que en el PP, los que me hicieron meter la pata, hagan hincapié en la segunda parte de la frase de su presidente: saben perfectamente que como periodista no puede revelar las fuentes.

Punto y parte: mis perdones, lector.

Ahora bien, lo que ha dicho Rajoy es lo siguiente: "No soy partidario en ningún caso de crear ningún banco malo, de lo que soy partidario es de que sigan las agrupaciones -como se han producido- de entidades financieras, y que tengamos un número de entidades que puedan cumplir su función de dar crédito y que generen certidumbre al mundo... Un sistema financiero en condiciones. Creo que falta una segunda ronda de fusiones".

Es decir, que no apuesta por el banco malo, donde los bancos colocarían sus créditos inmobiliarios impagados para que el Estado se haga cargo de ello, sino por más fusiones: un proceso donde los bancos buenos se coman a los malos. Así, habla de una segunda ronda de fusiones bancarias. Y es que lo del banco tóxico lo entiende todo el mundo: todo el mundo sabe que esos 80.000-100.000 millones lo pagaríamos entre todos. Es demasiado evidente.

Ahora bien, ¿qué ha pasado hasta ahora con este sistema de concentraciones que propone don Mariano? ¿Le sale gratis al contribuyente? No parece. Ha pasado que han acabado en nacionalización de entidades como CAM, Novagalicia, Catalunya Caixa, Unnim -y las que quedan- o en absorción por otra entidad con ayudas del Estado, como es el caso de CCM. Ahora estamos viviendo la subasta CAM y resulta que todos los postores exigen una EPA (Esquema de Protección de Activos -más bien activos extraordinariamente pasivos-) que les asegure contra cualquier susto. Por cierto, ahora se baraja la cifra de 22.000 millones: cuando Hispanidad habló de 20.000 millones de euros de pérdidas reales en CAM nos llamaron exagerados.

¿Y quién va a pagar esos 22.000 millones? Desde luego, no el banco que se quede la CAM, sino todos los españoles. Dicho de otra forma, el esquema Rajoy, dicho tres días antes de las elecciones, suena mejor a un electorado que no está dispuesto a pagar los errores y los horrores bancarios, pero es lo mismo y nos va a salir mucho más caro a todos los españoles.

Además, a los banqueros también les gusta el EPA, menos que el banco tóxico, porque sacarán más dinero. Porque claro, lo lógico sería que el Gobierno haga lo mismo que ha hecho con Novacaixa, Unnim y Catalunya Banc: tomar el 90% del capital Caixa y tomar el mando. Luego, una vez saneado el banco se vendería ese capital y el Estado recuperaría su dinero, en todo o en parte o en nada. Es el sistema americano, a lo que sólo habría que añadir un detalle: castigar a aquéllos que han llevado el banco a la ruina, en lugar de indemnizarles con millones.

No, el esquema Rajoy le va salir más caro a los españoles, que el banco tóxico.

Por cierto, ¿es éste sistema menos malo, el de la nacionalización y posterior venta el que apoyamos desde Hispanidad? No, el sistema que apoya Hispanidad es el liberal: que el banco que está quebrado presente concurso de acreedores como cualquier otra empresa industrial y que el Estado responda de los ahorros -ahora responde de hasta 100.000 euros por depositante- de sus clientes damnificados. Ojo, de los ahorros, no de la inversión. Recuerdo que el ex director general de Inspección del Banco de España, Aristóbulo de Juan, durante la crisis bancaria de los años ochenta del pasado siglo, siempre señalaba el letrero del FGD (el FROB de entonces, porque comenzó dotado con dinero público): "Lean lo que pone en este cartel -aclaraba-: fondo de garantía de depósitos, no de otra cosa". En plata, la solución más justa a la crisis bancaria no es ni el banco malo ni los EPA: es la quiebra de los bancos zombis. Y la solución menos mala, pero mala a la postre es la norteamericana: nacionalizar la banca, que todos corramos con el gasto, castigar a los culpables y revender la entidad saneada al mejor precio posible. E insisto: este sólo es el sistema menos malo. El único método bueno es la quiebra de los zombis, que para algo están quebrados.

Y por cierto, Rajoy asegura en la misma entrevista que ya tiene a su ministro de Economía. Para mí que el elegido no sabe que lo es, pero está claro que, en esta situación, debe ser alguien que no tenga compromiso con los bancos ni pueda tenerlos en el futuro. Lo que no se puede repetir es el caso Luis Ángel Rojo, con todos mis respetos hacia el fallecido: intervino Banesto y acabó de consejero del Santander de Emilio Botín, a quien se adjudicó Banesto.

Dicho esto, mis perdones a los lectores de Hispanidad: me he equivocado.

Eulogio López

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