• Sesión de control al Gobierno en la que Rajoy acude a los argumentos de siempre para justificar los recortes: la herencia recibida y que no hay más remedio.
  • El socialista Rubalcaba, tras ocho años gobernando y dejar al país en ruinas, recurre a la demagogia.
  • Y el ministro de Hacienda Montoro justifica el hachazo a los funcionarios: sin ajustes no se les podrá pagar.
  • Pero los diputados no atienden al clamor de la calle por una reforma de nuestro sistema político.
Sesión de control al Gobierno hoy en el Congreso que, lógicamente, ha girado en torno a la economía y a los últimos ajustes. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha recurrido a los argumentos de siempre: la herencia recibida y que no hay más remedio: este Gobierno sólo puede escoger entre medidas malas y medidas peores.
Lo hacía respondiendo al líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, que, como cualquier socialista en este momento, tiene mucho que callar y poco que aportar. Porque, efectivamente, y con independencia de que Rajoy está acertando o no, los socialistas dejaron España en ruinas.

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha rechazado los recortes y ha advertido que no se va a salir de la crisis "desentendiéndose" de los desempleados y los dependientes, "machacando" con impuestos a los trabajadores y "recortando salvajemente" los salarios de los empleados públicos. De esa forma, ha subrayado, se van crear "más injusticias y más sufrimiento".

Rubalcaba también se ha referido al decreto ley que mañana jueves vota el Congreso y que acaba con las ayudas de aquellas personas que ya las han perdido todas, como el colectivo de parados entre 45 y 55 años: "Ya que admite que no es capaz de crear empleo a los españoles, al menos no les recorte el desempleo y la dependencia porque va a llevar a mucha gente al borde de la desesperación", ha dicho Rubalcaba, después de casi ocho años gobernando.

Lo dicho: Rajoy ha acudido a los argumentos de siempre: el elevado déficit -el año pasado España gastó 90.000 millones más de lo que ingresó- y la alta deuda externa, acrecentada por los intereses bestiales de la prima de riesgo. Y dirigiéndose a Rubalcaba, le ha preguntado: "Si no puedo bajar los gastos y subir los ingresos, ¿me puede explicar usted cómo se puede reducir el déficit público?". Y ha añadido: "Desgraciadamente, no puedo decidir entre un bien y un mal, sino entre un mal y un mal peor". "Y es lo que estamos haciendo en este momento".

El presidente también ha repetido que no le gusta lo que está haciendo, pero que no tiene más remedio. Son medidas "duras y difíciles", pero no hay “otra alternativa" para sacar a España de la crisis y para "reducir el déficit publico" y que la economía sea "más flexible y competitiva" con el fin de crecer y crear empleo. También ha reconocido que los efectos de esas medidas "no se van a producir de manera inmediata" pero se están "sentando las bases" para que en España haya una recuperación de la economía, "mejore el bienestar y se puedan crear puestos de trabajo".

Por su parte, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, ha justificado los recortes a los funcionarios en la falta de dinero para pagar las nóminas: "No hay dinero y cuando no hay dinero hay que extender la jornada laboral". Montoro ha explicado que el sueldo de los funcionarios depende de los impuestos, por lo que si no sube la recaudación, hay riesgo de impago de las nóminas. De hecho, "eso es lo que está ocurriendo en las comunidades autónomas y en las corporaciones locales y hay que decirlo sensatamente, sin hacer esos aspavientos, entendiendo que no estamos renunciando a privilegios de nada", ha explicado el ministro en respuesta a una pregunta de la diputada socialista Meritxell Batet.

Curiosamente, los representantes de los ciudadanos -porque estamos en una democracia representativa- no están entendiendo que el clamor cada vez mayor en la calle es por una reforma de nuestro sistema político, o sea, una reforma estructural, total, del Estado del que nos dotamos en 1978, que ha quebrado. De eso, no hablan nuestros diputados. Que por lo que parece están cada vez más alejados de la calle. O no se atreven. Y habrá que recordárselo.

Andrés Velázquez
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