¿Queda alguien que aún crea en España? Tanto PP como PSOE se apuntan al nuevo Tratado Merkel-Sarkozy… ¡Antes de que se concrete! Y lo poco que sabemos nos habla de una Europa plutocrática, al servicio de la especulación financiera: Euro refundado, Europa finiquitada. La UE de Merkel y Sarkozy adolece de las tres libertades básicas de la democracia en el siglo XXI: derecho a la vida, libertad religiosa y solidaridad económica

El problema de la Constitución española del 78 es que no prestaba suficiente atención al derecho a la vida, o que se ha desarrollado sin respetar ese derecho explicitado en el texto. El "todos" tienen derecho a la vida, ha sido manipulado en la práctica por la izquierda, con el consorcio de la derecha aznarista, hasta convertir a España en un paraíso del aborto. No sólo eso, sino que ha terminado por convertir el infanticidio en un derecho. Europa sigue el mismo camino: convertir el asesinato en derecho y el Parlamento europeo no hace sino dar pasos en ese sentido, por ejemplo, el adoptado en vísperas del seis de diciembre, fiesta de la Constitución, con eurodiputados españoles del PP, huídos de la votación.

Idéntica evolución ha seguido, desde 1978, la degradación del derecho a la libertad religiosa, basada en una injusta equidistancia que ha convertido en papel mojado la cita explícita de la Carta Magna sobre el catolicismo: la religión católica es un credo más, pero resulta que es el credo mayoritario. Por otra parte, tanto el PSOE como el PP han asumido, durante estos 33 años de libertad constitucional, las líneas maestras del Nuevo Orden mundial (NOM), especialmente el laicismo por lo que ninguna institución es hoy tan criticada en España como la Iglesia. Finalmente, el crecimiento económico español, que ha sido espectacular durante este período se ha hecho con cargo a los bajos salarios vigentes en España, el modelo conocido como sueldos bajos, impuestos altos y vivienda cara, hasta crear una sociedad bipolar, donde el tejido industrial ha sido laminado por los mercados financieros y donde hay dos tipos de clases sociales: trabajadores, profesionales y empresarios, por un lado, y rentistas por el otro, aunque hay agraciados que pertenecen a ambos colectivos.

Justamente eso es lo que refleja el acuerdo entre la canciller alemana  Angela Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy, acuerdo asimismo rubricado en vísperas del seis de diciembre. Ambos mandatarios pretenden imponer su modelo europeo, mediante un nuevo tratado de la UE, a 500 millones de personas y a 17 países, en un principio, aunque ellos mismos aclaran que debería ampliarse a los 27 miembros del UE.

Ese modelo es muy sencillo. Un diario español lo resumía así: "Alemania y Francia refundan el euro". La palabra refundación está en boca de todos. Ahora bien, esa nueva Europa de los dos mandamases que se arrogan un poder que nadie les ha otorgado, supone, en efecto, la refundación del Euro, pero también el finiquito de la Europa solidaria, la de los padres fundadores.

Es más, esa nueva UE consagra para el conjunto de la Unión la precitada deriva de la Constitución española de 1978, consagra una Europa plutocrática, al servicio de los rentistas y, con ello, al servicio de la especulación financiera. Uno de los puntos del acuerdo franco-alemán (más bien germano-francés) resulta especialmente ilustrativo: los inversores privados no tendrá que asumir pérdidas en el caso de que algunos países no hagan frente a sus pagos de deuda. Es decir, la inversión empresarial tiene riesgo, pero la inversión financiera no.

Y todo ello, cuando los dos firmantes, especialmente la canciller Merkel, se han mostrado incapaces de dar una solución al problema griego -tan sólo un 2% de la economía euro- y han impuesto la sacralización del déficit fiscal… a costa de estancar a la economía europea, que crece al 0,2%.

Volvamos a nuestro país. Ya antes de discutir el tratado, el Partido Popular, que gobernará el país a partir del 22 de diciembre, se ha mostrado entusiasmado con la "refundación del euro". Que con estas líneas maestras perjudica directamente a España. Y el PSOE, calladito, lamiéndose las heridas del 20-N. Y es lógico. Hoy, trigésimo tercer aniversario de la Carta Magna de la espléndida democracia española ni al PP ni al PSOE parecen importarles el futuro del país. Se sienten más europeos que españoles. Eso sí, miembros de un Europa plutocrática e insolidaria, que asegura a los ricos contra las posibles pérdidas de sus inversiones mientras condena al paro al conjunto de los ciudadanos. La Europa cristiana sacralizaba a la persona, hija de Dios; la Europa pagana de Merkel y Sarkozy sacraliza a los mercados financieros, es decir, al dinero. En otras palabras, Rajoy ha cambiado la Constitución de 1978 por el nuevo Tratado Merkel-Sarkozy. Por de pronto, hay una diferencia entre un texto y otro: el uno fue votado por los españoles, el otro viene impuesto desde arriba. Para ser exactos, desde Berlín.

Eulogio López

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