Reformas económicas, acuerdo anti-ETA, y reducción del poder de los nacionalismos. La reforma constitucional marca el camino. Se trata de consolidar el bipartidismo en España con dos formaciones 'nacionales': PP y PSOE. Rubalcaba, obsesionado con mantener la Secretaría General del PSOE. Eduardo Madina, clave ante Bildu. José María Fidalgo, antiguo secretario general de CCOO, se postula como ministro de Trabajo. Por supuesto, los valores no negociables quedarían aparcados

Más que sorprendente fue la puesta en escena del Partido Popular durante la presentación de la autobiografía de su líder. Por un lado, los miembros de la Ejecutiva, por otro el resto de barones. Los aznaristas, bien vigilados, los partidarios de la mano dura con el PSOE, asimismo arrinconados. Rajoy quiere romper con su propio pasado y refundar la política española.

Y es que Mariano Rajoy, salvo que obtuviera una mayoría de 3/5, cosa harto improbable, quiere refundar la política española. Para ello, necesita un pacto de Estado con el PSOE, pacto del que ya ha hablado con Alfredo Pérez Rubalcaba. Ojo, hablamos de pacto institucional, no de Gobierno, que sería impensable. Un pacto al menos con tres patas: reformas económicas, terrorismo y reducción del poder de los nacionalistas. Consolidar en pocas palabras, el bipartidismo, con dos formaciones "nacionales".

Por ello, Rajoy, seguidor de la doctrina Arriola, prepara una campaña de moderación. Según él, el voto conservador no puede decantarse más que por el PP, así que lo que conviene es no asustar a la izquierda, para que se quede en casa y hablar de economía, mucha economía, terreno ideológico donde impera el "Consenso de Washington", es decir capitalismo financiero en estado puro. Y cierto respeto a Rubalcaba, que no a Zapatero ni a Pepe Blanco, ni Carme Chacón, dos con los que piensa contar en el futuro postzapaterismo pero siempre que reconozcan su liderazgo en el aparato.

Otro punto: José María Fidalgo opta a ser ministro de Trabajo, otro apunte de moderación, aunque podría cercenar la reforma laboral que Europa le pide a España. Rita Barberá se postularía como presidenta del Congreso y José Bono, de mutuo acuerdo, aparcado como defensor del Pueblo.

Y sí, Rubalcaba está dispuesto a pactar con la derecha. No se asombren por el catalanismo exhibido por el candidato socialista en Cataluña o por sus soflamas rojas: eso es mera estrategia electoral. Rubalcaba pretende con ello ganarse el voto de la izquierda, 15-M incluido, no para ganar las elecciones, que saben puede ganarlas, sino para mantenerse, tras la derrota, como líder del PSOE.

Para Rubalcaba el portavoz parlamentario Eduardo Madina, víctima de ETA será fundamental si, como se teme, en el próximo Parlamento figura Bildu, que incluso para el grupo parlamentario propio. Ya se está pensando en una norma para ilegalizar la triunfante formación proetarra porque, a estas alturas, Rubalcaba ha dejado de creer en el proyecto Zapatero de una paz negociada en Euskadi.

En cualquier caso, el punto central del pacto PP-PSOE consiste en reducir el poder de los nacionalismos, porque si en algo coinciden Rubalcaba y Rajoy es en que han vuelto España ingobernable.

¿El perdedor? Naturalmente, los valores no negociables, es decir, los votos cristianos en política. En este pacto no cabe ni el derecho a la vida, a la familia natural, la libertad de enseñanza o la doctrina social de la Iglesia. Los católicos, que se aguanten, se tapen la nariz y voten al PP.

En resumen, si el pacto se lleva a efecto las minorías, incluidas las no nacionalistas, quedarían aparcadas y el PP traicionaría a su electorado de base cristiana, el voto en valores y el PSOE a sus tendencias centrífugas. Por eso es tan importante no perder a Carme Chacón: hasta para mantenerse como secretario general del PSOE, don Alfredo necesita el voto catalán del PSC.

Eulogio López

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