"Compartimos ilusiones" es el eslogan de un anuncio publicado en los rotativos de gran difusión. Se trata de apadrinar a un niño de los muchos países que se encuentran en la indigencia. Esta campaña publicitaria ha sido promovida por Intervida.

 

Es conocido por todos los gobiernos que, en la Declaración Universal de los Derechos del Niño, se asevera que "El niño tiene el derecho a ser protegido contra el abandono, la crueldad y la explotación".

En un mundo cruel, en el que nos ha tocado vivir, "los niños son los tristes protagonistas". Están forzados a trabajos infrahumanos, a la desnutrición, a los abusos carnales y, la gran mayoría, padecen torturas físicas.

Sudán es uno de los 33 países en crisis, según revela Unicef y es el peor de todos ellos, de acuerdo con la investigación "Acción Humanitaria", ya que 21 países son africanos, ocho asiáticos, dos Hispanoamericanos y dos europeos. Las causas que subyacen tras la crisis de estos países son genéricas.

Las conflagraciones bélicas son una de las primeras causas de la crisis y la pandemia del sida es la segunda: "No sólo por el elevado número de enfermos sino también por las consecuencias sociales que conlleva el VIH". Por último los desastres climatológicos: "Sobre todo las sequias que suponen una pobreza y una vulnerabilidad excepcionales".

El Cuerno Africano -Somalia, Eritrea y Etiopía- es la segunda área más alarmante. Las cifras son aterradoras ya que 1,8 millones de chiquillos están afligidos por el conflicto de Sudán, que en total afecta a cuatro millones de mortales. Por otro lado, de los dos millones de desplazados, la mitad son criaturas. El 60% de las defunciones de  menores de cinco años se debe a la falta de alimentos y ésta es la primera causa de muerte seguida de problemas respiratorios. También son 165 los recién nacidos que expiran por cada mil que nacen vivos en Afganistán. Uno de cuatro pequeños no subsiste a los cinco años por padecimientos sencillos; respiratorios, sarampión o paludismo.

La rudeza contra la existencia de millones de críos, condenados a la indigencia, a la escualidez y a la carencia total, a causa de una perversa distribución de las caudales entre las poblaciones pobres, son amenazas contra la vida de los más inocentes e indefensos.

Clemente Ferrer

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