Dos datos, uno del miércoles 13, otro llegado desde el martes 12.

Según el ilustre economista, en sus ratos libres presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy (en la imagen), la dación en pago dañaría gravemente las garantías hipotecarias, reduciría la concesión de hipotecas y elevarías el coste de los créditos.

Pues no. De hecho, no ha pasado en Estados Unidos, inventor de la dación en pago. Es el sistema más justo: te he pedido un crédito para comprar un piso, si no puedo pagarlo quédate con el piso. Sí, es cierto, sin derecho retroactivo, como solicitan los majaderos de la coordinadora contra los desahucios, pero es lo justo.

Y no, no tiene por qué cerrar el crédito hipotecario. Miren ustedes, desde que los bancos centrales se hicieron con el poder en el mundo -al margen del Estado de derecho, por cierto- las entidades tienen la liquidez que el BCE o la Reserva Federal quieran proporcionarles y, sobre todo, utilizan esa liquidez en lo que Reserva Federal y el BCE desean que lo utilicen. Por lo general, en comprar la deuda pública de los políticos manirrotos que son los que nombran a los gobernadores de los bancos centrales, no en dar créditos a familias y empresas.

También es falso el tercer argumento del presidente Rajoy. La dación no tiene por qué incrementar el precio del crédito. Eso también lo deciden los bancos centrales.

El pasado martes, al presidente Rajoy le tocaba fomentar el empleo juvenil, a costa de reducir mínimamente las cuotas sociales, el grueso de los impuestos laborales. Mire usted, presidente, con parches no va usted a ningún lado. Al final, el único remedio contra el paro y la economía sumergida en España es reducir al mínimo, o anular, los impuestos laborales y financiar las pensiones con el IVA. Además, con la reducción de impuestos laborales la economía sumergida emergería.

La política económica de Rajoy se parece mucho a sus principios y a su coherencia: principados no tiene y en materia de coherencia es más bien cobardón.

Eulogio López

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