"El Sumo Pontífice no estaba correctamente informado sobre algunos hechos", y, como fiel convencido, de que "en la Iglesia se debería esclarecer cualquier hecho", al mayordomo del Papa Benedicto XVI, Paolo Gabriele, no se le ocurrió otra cosa que contárselo todo a un amigo suyo periodista. Lo hizo como infiltrado el Espíritu Santo, porque si alguien sabe qué es lo que piensa el Espíritu Santo, ese es Paolo Gabriele (en la imagen, sentado delante del Papa)

Paolo es un tipo brillante y leal, quizás no al Papa pero sí al Espíritu Santo. Enseguida se dio cuenta, perspicaces que son los mayordomos vaticanos, mucho que más que Jeeves, mayordomo del insigne Bertie Wooster, de que el Papa no estaba correctamente informado. Y aquí viene lo bueno, qué digo, lo buenísimo: porque el ayuda de cámara de su Santidad tiene más posibilidades de dirigirse a su Santidad que el mismísimo secretario de Estado vaticano, por ejemplo, mientras le ayuda a vestirse.

Pero, fíjense usted por dónde, el majadero de Gabriele se lo contó a un periodista –su versión, claro está- lo que ha dado lugar a todo el follón en el que estamos insertos.

Eulogio López
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