Rafael Correa (en la imagen) es el más sinuoso de todos los líderes populistas norteamericanos. Comparado con el majadero de Maduro, con la cleptómana que sufren los argentinos, con el Evo de Pachamama, el aprendiz de nigromante de Nicaragua, hay que reconocer que estamos ante un tipo cultivado. Vamos, que es el más peligroso de todos, seguido de cerca por la ultra feminista Michelle Bachelet si es que llega al poder.

Ahora Correa, como Fernández en Argentina, pretende echar abajo la mejor norma de las democracias americanas: el límite de mandatos en el poder. Como es el mentiroso más inteligente de todos, ha echado mano de una treta: intentar que el límite pueda ser roto por un opositor.

Insisto, si el poder absoluto corrompe de forma absoluta, el poder permanente corrompe de forma permanente. En cuanto un presidente del Gobierno dura más de ocho años empieza a comportarse como un dictador con aspiraciones de eternidad. Los países americanos deben mantener la norma a todo trance. Los europeos, imitarles.

Eulogio López

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