Es un anónimo que circula por Internet. Una chotada, si lo desean, pero refleja el cabreo profundo con el que los españoles han acogido la medida de reducir la velocidad en carretera a 110 kilómetros por hora.

Dicen los medios opositores al Ejecutivo Zapatero que este es el Gobierno de las ocurrencias: bombillas de bajo consumo que no de bajo precio ni de larga duración, prohibido fumar, prohibido beber, prohibido estar gordo, prohibido bromear con las mujeres -justo en el momento en que menos respeto tiene el lenguaje políticamente correcto, etc-. La única norma no discutible es el pago de impuestos, multas y sanciones.

Y es cierto, pero más preocupante resulta la filosofía -más bien la religión- que mueve al Gobierno, y que no es otra que el puritanismo. Los países latinos, que son los provenientes del lazo romano, nunca han comprendido el puritanismo porque siempre lo han rechazado. Puritanismo no es llevar la falda larga sino cambiar los diez mandamientos por el Boletín Oficial del Estado, algo así como que sólo nos comportaremos decentemente cuando nos obliguen, por ley. Si la modernidad es, como decía aquel genio alegre llamado Gilbert Chesterton, un conjunto de viejas ideas cristianas que se han vuelto locas, el puritano no es más que el cristiano que ha renunciado a su segunda condición más relevante la libertad (la primera es la Providencia, comúnmente conocida como misericordia de Dios con el hombre).

El viejo dicho forense asegura que necesitamos 10 millones de leyes para cumplir los 10 mandamientos... y así no hay manera. Y el BOE pueda ser legal, pero no tiene por qué ser legítimo.

El resultado salta a la vista: la moral se propone, la ley se impone. Por mucho que nos llenemos la boca con el famoso Estado de Derecho, lo cierto es que hemos confundido la ley natural con la ley positiva, la ética con la norma legal para acabar utilizando la coacción con defensa de la libertad, en lugar de como defensa frente a sus excesos.

Cuenta el ya mencionado Chesterton -y más que debería mencionarle con la que está cayendo- en su autobiografía que acudió a su boda con Frances con un pistola en una mano y un vaso de leche en la otra: Si mi mujer no me conociera como me conocía podría haber pensado cosas terribles: que me iba a pegar un tiro, que se lo iba a pegar a ella o lo que es peor: que me había vuelto abstemio.

Así que mucho cuidado con los abstemios y con los prohibicionistas: son unos puritanos peligrosísimos y provocan el peor de los males: la tristeza.

Eulogio López

[email protected]