La Cruz de San Andrés, centro de pensamiento cristiano interesante, ha publicado una crónica más que interesante sobre un discurso de Vladimir Putin (en la imagen) en la ciudad de Sochi. Y tienen razón. No he visto en la prensa occidental referencias a un texto que todos deberíamos leer.


Empezaré por lo más impactante: Putin, a fin de cuentas ruso y reconvertido ex jefe del KGB, predice que si las relaciones internacionales no cambian nos aproximamos a una III Guerra Mundial. Es más, asegura que Rusia se prepara para ella, aunque naturalmente no lo desea.

Los rusos violan los principios en los que creen pero no los cambian por aberraciones. En el Occidente cristiano, sí
Un líder público como es él se atreve a hablar del Nuevo Orden Mundial (NOM) y denuncia el nihilismo que reina en Occidente. No duda en señalar el desprecio por la vida y por la familia natural como el desencadenante de ese vacío que rodea a una Europa que ha sido la maestra del mundo.

¿Qué es lo que diferencia a la Rusia de hoy de Occidente Que los rusos, tantas veces brutales, creen en una serie de principios, de raíz cristiana, por supuesto, aunque, de vez en vez se apresuren a violarlos. Los violan pero no los cambian al ritmo de sus deseos. Los dejan donde están.

En Occidente ocurre justo lo contrario. Ya saben, el viejo dicho de que se vive como se piensa o se acaba pensando como se vive. Si los valores eternos -o son eternos o no son valores- contradicen mis deseos, o simplemente mi forma de vida, cambio valores por contravalores (o por valores bursátiles) y a otra cosa.

Putin protesta, por ejemplo, contra la homosexualidad obligatoria mientras Occidente, que, como cualquier civilización, ha repudiado históricamente la sodomía, ahora lo vende como un derecho humano y cerca a quienes, como Moscú, se niegan a aceptar la barbarie.  

Algo parecido a concluir que los rusos pueden ser muy brutos, pero no cambian los principios. Los europeos y los Estados Unidos de Barack Obama somos más suaves pero estamos más pervertidos.

Eso sí: Putin acierta en el diagnóstico y yerra en la terapia. Porque el peligro de guerra mundial no es político, ni tan siquiera social: es religioso. El hombre sin Cristo ha perdido la esperanza y sin esperanza, antes o después, se precipita hacia la violencia.

A día de hoy, les aseguro, sólo nos queda un aspirante a liderazgo mundial, y ese es el controvertido Putin... ex jefe del KGB.

Sí, ya sé que maldita la necesidad que tenemos de liderazgos mundiales, que todo lo que huela a mundialismo lleva la marca de la Bestia. Cambien liderazgo global por referencia global. Así mejor.

A los ucranianos no les gustará esto pero me temo que es cierto. Lo cual no justifica, ni de lejos, lo que Putin está haciendo en Ucrania. Eso forma parte de la brutalidad rusa.

Eulogio López

[email protected]