A estas alturas, la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes habrá aprendido que no se debe acariciar a la víbora.

Está bien jugar a introducirse entre los cabreados, pero cuando la indignación se ha convertido en una profesión, resulta peligroso que la encargada de nuestra protección vaya sin protección. Se acabó lo de meterse entre los indignados, porque ya ha descubierto que no son indignados sino profesionales del cabreo… y me temo que de algo peor.

Por cierto, ¿quién les financia? ¿Cómo es posible pasarse todo el día enfrentándose a la policía con tácticas de guerrilla urbana, se trate de protestar contra la reducción de fondos a las comarcas mineras o se trate de la reducción de una paga extra a los funcionarios? Insisto, ¿quién les financia? ¿De dónde sacan el tiempo y los medios para armar el follón? Espero que no del presupuesto educativo.

Estos profesionales de la algarabía y del gamberrismo, nacieron al calor del 15-M, gran movimiento en su origen, pervertido a las 48 horas y secuestrados por estos miserables a las 72. Los gamberros fueron amamantados por Zapatero, Rubalcaba y Chacón, que creían encontrar en ellos un contrapunto para frenar a la derecha pepera. Consiguieron justo lo contrario pero ahora la víbora amamantada por los socialistas ha crecido: se encuentra más que organizada y no quiere volver a los cuarteles. Quiero decir, a trabajar y esas cosas.

En cuanto a Cifuentes… mire usted todos lamentamos lo que le ocurrió el pasado viernes, pero deje de hacerse la progre de derechas, progre pepera, un papel que le encanta. Con los gamberros, la única manera de imponer orden para preservar la libertad de la mayoría es la disciplina. Por las buenas o por las malas. Con los gamberros profesionales, mucho más. Y deje de jugar con fuego, no vaya a quemarse, o a quemarnos a todos.

No olvidemos que el revolucionario del 15-M no es el revolucionario de ayer, porque el de ayer era uno de los humanos vivía de esperanza en un mundo mejor. El de hoy, los indignados, llevan la marca de la estética moderna, la falta de esperanza y la alegría. En otras palabras: piden la luna pero están seguros de que, si finalmente la consiguen, serán más felices que ahora o seguirán perpetuamente insatisfechos.

El primer 15-M pedía terminar con el capitalismo financiero que amenaza, ciertamente, con crear, una tiranía mundial. Pero insisto, duró 48 horas. A partir de ahí se convirtieron en profesionales del cabreo. Y ya saben que lo que distingue a aficionado de un profesional es que el profesional siempre cobra.

Eulogio López

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