El hasta ahora ministro de Recursos Hídricos, Hesham Qandil, es elegido como nuevo primer ministro de Egipto

-Los Hermanos Musulmanes rompen su promesa de nombrar a alguien ajeno a la Hermandad Musulmana como primer ministro.

-La diplomacia occidental vuelve a hacer el ridículo en Egipto.

-Mientras, en una entrevista, el exprimer ministro británico, Tony Blair, avisa a Occidente que no puede continuar ignorando la amenaza del fundamentalismo islámico.

Había una gran expectación este martes ante el anuncio por parte del presidente islamista de Egipto, Mohamed Mursi, de quien sería el nuevo primer ministro del país. En este sentido, el elegido para formar el Gobierno del país más poblado de Oriente Medio, ha sido el ministro de Recursos Hídricos, Hesham Qandil, de ideología islamista.

Ésta ha sido la primera mentira -sin duda alguna la primera de las muchas que habrá- del actual presidente perteneciente a la Hermandad Musulmana ya que como bien recuerda el diario International Herald Tribune, el líder islamista se había comprometido a elegir un primer ministro que no perteneciese a la Hermandad Musulmana, algo, que además de favorable a los intereses occidentales y democráticos, habría sido lo adecuado, debido al estrecho margen con el que se alzaron con la victoria los islamistas en las pasadas elecciones. No obstante, el anuncio del jefe del Estado egipcio permite vislumbrar cuál es el valor que tienen las promesas de los islamistas.

Esta controvertida designación supone una nueva bofetada a la diplomacia occidental, quien apoyó con insistencia la caída del régimen de Hosni Mubarak bajo acusaciones de falta de democracia, y que, con su astuta actuación ha llevado a los islamistas a controlar todos los resortes del poder de la nación, islamistas que ya sólo cuentan con la oposición del Ejército egipcio -también sorprendentemente criticado por los medios de comunicación occidentales-.

En este sentido, resulta interesante la entrevista concedida este martes al diario británico Telegraph por el exprimer ministro del Reino Unido, Tony Blair, quien ha mostrado su preocupación por la falta de conciencia en Occidente acerca del crecimiento del fundamentalismo islámico y el expremier laborista ha recordado que el extremismo islámico no sólo está creciendo a través de la llamada 'primavera árabe' -con la absurda complicidad de Occidente-, sino que se está extendiendo por numerosos países africanos como Nigeria, Kenia, Tanzania o Mali, entre otros.

Una vez más Occidente ha vuelto a hacer el ridículo en su papel en la primavera árabe, al ser desafiado por Egipto -país que cada vez se acerca más a las corrientes islámicas-, algo previsible, ya que durante la revolución en Egipto, Occidente forzó la caída de Mubarak, sin tener preparado un sucesor para el mismo, algo que ya no se puede remediar.

Gabriel López

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