• Después de seis años, el nuevo CEO anuncia medidas de choque.
  • El plan no descarta reducción de plantilla.
  • Pero también lo más significativo: la reducción de los servicios centrales.
  • Lo malo: que las medidas son financieras, de acuerdo con el perfil de Béjar.
  • Se echa en falta un pequeño empujón industrial.

Parece que el nuevo presidente y consejero delegado de Cementos Portland Valderribas, Juan Béjar (en la imagen), se ha tomado muy en serio intentar reflotar la compañía que, a la difícil situación del sector en España, debe sumar los efectos que aún perduran -y de qué manera- de la calamitosa compra de Uniland, en junio de 2006. No en vano, se compró en el peor momento: el sector de la construcción presentaba sus mejores registros y estábamos a las puertas de la crisis.

En la nota de prensa remitida a los medios, la cementera afirma que los resultados están condicionados por el saneamiento de 337 millones de euros que se ha realizado en el balance, de los que 261 millones de euros son "por el deterioro del valor contable de los fondos de comercio existentes, sobre todo de Corporación Uniland".

En cualquier caso, los números de la compañía enviados a la CNMV muestran que, excluido el efecto neto del saneamiento, el resultado hubiera sido negativo en 16 millones de euros.

Para poner remedio a esta situación, Béjar ha anunciado un plan de choque para 2012 y 2013. Entre las medidas -que pretenden incrementar el Ebitda en más de 60 millones de euros- se incluye "el ajuste de la estructura industrial en España, con el fin de adaptarla a la nueva realidad del mercado", así como la "reorganización de la estructura de los negocios en España". Es decir, el nuevo consejero delegado no descarta reducir el número de los 3.500 empleados.

Pero el anuncio no se queda ahí. El plan de Béjar cobra fuerza al asegurar que, además, se va a proceder a una "revisión de las funciones corporativas, adecuándolas a las nuevas condiciones de los mercados". Esto es, que tomará medidas en las altas esferas de la compañía que podrían pasar por desprenderse de aquéllos directivos que no solo no producen beneficio alguno sino que representan un coste y, por tanto, un problema.

Pero estas medidas necesarias -a las que se pueden sumar la venta de los negocios en EE.UU- podrían no ser suficientes para garantizar la viabilidad de la compañía, que requeriría un pequeño empujón industrial, sobre todo más allá de nuestras fronteras.

Pablo Ferrer
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