AENA alega las plazas africanas, el tamaño y las islas para excusar lo inexcusable: el orgullo baturro por tener un aeropuerto en páramos donde no vuela nadie

 

"No necesitamos más", responde Thomas Anger, empresario alemán dedicado a la importación, "como no se necesitan ciento veinte pares de pantalones". Es una respuesta a la pregunta que muchos se hacen después de que la ministra de Fomento, Ana Pastor, haya paralizado el plan de privatización de AENA que había iniciado su predecesor en el cargo.

En el horizonte se sigue viendo la entrada de capital privado como algo positivo, mientras los trabajadores de algunos aeropuertos comienzan a temerse lo peor, que dejen de ir a jugar al mus y los manden a su casita cualquier día de estos. La responsable de Fomento manifestó que el actual momento económico es "desfavorable" para una venta. Difícil lo tiene José Manuel Vargas, el nuevo Presidente de AENA, que este martes tomó posesión del cargo.

Alemania, con una población de 81.500.000 habitantes, se las arregla perfectamente con sus 24 aeropuertos. Nosotros tenemos 47 aeropuertos y dos helipuertos, casi nada. Los responsables de comunicación de AENA, mejor entrenados que los bomberos de Nueva York, lo justifican así de bien: "Alemania tiene más de 300.000 kilómetros cuadrados, no tiene plazas en Africa, no tiene islas, no tiene quince aeropuertos en estas islas".

Tampoco tiene unos lander con un orgullo baturro que les impulse a que cada provincia tenga su propio aeropuerto por muy pequeño que sea. En Heidelberg, una ciudad muy bonita, con una universidad muy prestigiosa, no se les ha ocurrido solicitar que les instalen ninguna. Y eso que tiene 140.000 habitantes, unos diez mil menos que Badajoz. Los viajeros se van a Frankfurt y a correr… bueno, a volar.

Sara Olivo

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