Yo, ¿qué quieren que les diga?: mi vida no sería lo mismo sin el diputado Llamazares. Lo digo en serio. Por de pronto, don Gaspar cree en lo que dice, es decir, que no tiene nada que ver con Rubalcaba, y cree en lo que piensa, es decir, que no tiene nada que ver con Rajoy. Eso sí, piensa y dice auténticas barbaridades, de acuerdo, pero esa es otra cuestión.

Llamazares acaba de acusar a los hacedores de recortes, es decir, al PSOE en pequeña medida y al PP en medida grande, de que los recortes provocan un aumento de suicidios. La línea argumental procede de la revista Lancet, "quien a más pobreza más suicidios" y la guinda de la tarta la pone las cifras de suicidios -el peor de los homicidios- en España: en seis años, han pasado de 2.500 a 4.000 al año.

Claro que el paro, que suele terminar en depresión del parado, quien se siente inútil, así como la pobreza en general, pueden provocar depresión y hasta suicidio, especialmente entre los habituados a la vida muelle. Eso es cierto. Ahora bien, sorprende que el número de suicidios sea siempre inferior en los países del Tercer Mundo que en Occidente. Al parecer estar ahíto puede resultar más preocupante que estar hambriento.

No sólo eso, la depresión es enfermedad de ricos, don Gaspar. En África hay pocos depresivos y eso que viven en un ambiente muy deprimente. Los misioneros no dejan de decir: los pobres sonríen más que los ricos. Quizás, porque son más capaces de asumir sus problemas y porque aman más la vida que los acomodados.

Por otra parte, la relación entre ajustes económicos y desempleo o miseria es cuestionable. Al menos si por recortes entendemos lo que hay que entender. En pocas palabras: los recortes buenos son aquellos que fastidiando a los grandes -al Estado, que siempre es grande, a los mercados financieros, que son gigantescos- y a los grandes empresarios. Los malos recortes son los que cargan el peso de la crisis sobre los pequeños: particulares, familias y micropymes. Cuanto menos peso tengan los grandes mejor vivirán los pequeños. Los ajustes consisten en que el Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos gasten menos y, por tanto, no necesiten sacarle más dinero a los ciudadanos vía impuestos.

Ningún recorte de gasto público, es decir, ninguna merma del derroche de los políticos, provocará suicidios, porque, si se ejecutan justamente, los únicos que saldrán perdiendo son los grandes, los que viven del dinero de los demás -políticos, intermediarios financieros y altos ejecutivos de banca o de multinacionales-. Y les advierto que pocos de ellos se suicidan, salvo cuando corren el riesgo de ir a la cárcel, pero eso no es depresión, sino terror.

Por cierto, don Gaspar, usted, como político, ¿también vive de dinero de los demás, verdad?

Eulogio López

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