Un miserable entra en una iglesia y asesina a una madre embarazada. Una médica del SAMUR, el servicio de ambulancias de Madrid, certifica que la madre ha muerto pero realiza una cesárea de urgencia para salvar al bebé, al que, efectivamente, salva.

La primera en la frente: comentario en la RTVE pública, abanderada de la progresía: el líder de un diario gratuito muy progre nos recuerda que el SAMUR es sanidad pública y... hasta la conductora del programa, progre de solemnidad, le ve venir y le corta. Porque claro, lo que venía a continuación era: la pérfida derecha quiere recortar la sanidad pública, de lo que se infiere, de forma directa y automática, que el bebé de la madre asesinada en un templo católico habría perecido por los recortes del PP (que por ahora no son del PP, sino de CIU, pero es igual): Do you understand? Vamos, que a la pobre madre y a la otra mujer disparada las ha agredido el fascismo rampante que nos asola y que pretende acabar con "nuestos derechos". Menos mal que le cortó porque la conductora del programa es progre, pero de tonta no tiene un pelo.

La segunda en el pecho: el telediario de la noche anterior -jueves 29- informa de la misma tragedia sin datos (acababa de ocurrir). La locutora se apresura a explicarnos que, aunque todavía no está segura, se investiga para saber si se trata de un caso de violencia de género. Pues resulta que no, que el homicida chiflado disparó a dos desconocidas.

Pero los progres no pierden la esperanza. Así, El País, hermano de leche de RTVE, acaba de descubrir -mañana del viernes-, que el susodicho sí tenía antecedentes por violencia de género. Bueno, como colofón de una ristra de condiciones tales como la de tráfico de drogas, atentado contra la autoridad, etc. Es lo mismo: llegamos a la violencia "en el ámbito familiar". Está clarísimo: las sospechas de nuestra progre conductora estaban bien encaminadas. Cómo no. Lamentablemente, en el currículum del personaje no figura que fuera ex cura pederasta protegido por el Arzobispado, pero no se puede tener todo.

Puestos a lucubrar en caliente, yo lo habría hecho sobre la influencia que los medios informativos progres poseen -los que describen a la Iglesia de Roma como la raíz de todos los males- sobre un psicópata amargado que se pone a disparar justamente en un templo, justamente durante la celebración de la Eucaristía y luego se reviente los sesos. Pero no, lo importante era saber si había violencia de género.

La tercera en la frente: la misma locutora, a renglón seguido, nos informa de esa madre jienense que ha ahogado a sus dos hijos pequeños. Aquí, miren por dónde, no hay violencia machista, sino una pobre mujer deprimida a la que no se califica, quien, producto de su enfermedad, introduce a sus dos hijos en una bañera y los ahoga con sus propias manos. ¡Y eran varones! Regla: cuando un hombre comete violencia es un pérfido machista que debe ser fusilado pero cuando una mujer ejerce violencia homicida sobre dos varones, sus propios hijos, entonces es una pobrecita víctima de la depresión, previsiblemente causada por los desprecios de su pareja.

A todo esto, todos los progres concernidos, es decir, los que dominan la televisión, vehículo educador del pueblo, hablan del "bebé". Pero, ¿no quedamos en que un bebé no es persona hasta que nace, en que no existe hasta que no nace y es inscrito en el Registro Civil?

Más informaciones del mismo telediario. Reparen en que opero en un plazo de 12 horas de emisión que no son nada comparadas con la inmensidad del universo. La tele pública nos informa sobre el éxito de la Píldora del Día Después (PDD), dos años de su venta libre en farmacias. Pequeño detalle: el Gobierno Zapatero, de la mano de su ministra más intelectual, Leire Pajin, no decretó la venta libre, sino la venta obligatoria de PDD, mayor gloria de los laboratorios Bayer y Chiesi, que la fabrican y a cuya cuenta de resultados sirve RTVE. Ese es el aniversario (dos añitos de sangría) que ahora celebramos: la obligación a los farmacéuticos para que, sin receta médica, vendan la pildorita de marras a todas las adolescentes dedicadas a fornicar cuando toca "noche loca de amor intenso". Vamos, que la pobre madre asesinada mientras asistía a misa no tomaba PDD. Era una anticuada que ni tan siquiera puede ser introducida dentro de las cifras infladas de la violencia de género, tan casposa que tenía niños en vez de abortarlos y tan cavernícola que acudía a una Eucaristía en día laboral. No lo decían así, claro está, porque los progres son muy respetuosos con los muertos: sólo lo pensaban.

Pero para que quede claro lo que debemos pensar, dos detalles de la información tele pública: en ningún caso se nos dice la verdad, esto es, que la PDD es abortiva (bueno, no lo es si, tras la coyunda, la susodicha no se ha quedado embarazada. Si se ha quedado, sí que lo es). En segundo lugar, se nos recuerda que la OMS, ahora conocida como OMSRA (Organización Mundial de la Salud Reproductiva y Abortista) asegura que la PDD no tiene efectos secundarios. Naturalmente que los tiene, como acabamos de comprobar en la joven muerta tras ingerir PDD en el mismo hospital donde ahora el neonato huérfano se recupera: el hospital madrileño La Paz.

Pero naturalmente (y continuo analizando el tratamiento informativo del mismo lapso: 12 horas) la progresía va a más. Hasta ahora, el progre era aquel que gritaba "abajo los curas y arriba las faldas" pero, a medida que va depurando su marchamo ideológico dedica más tiempo a fastidiar al cura que a levantar las faldas. RTVE ha dedicado, al igual que el Gobierno Zapatero, todos los esfuerzos posibles a salvar la vida de un cubano de origen español ejecutado en Florida por haber matado aun policía. Loable, que al abajo firmante no le guste la penda de muerte y el catecismo de Juan Pablo II considera que no es necesaria salvo en casos tan extremos que probablemente no se den en la sociedad actual.

Ahora bien, sorprende estos desvelos compungidos ante la crueldad norteamericana, con el silencio total sobre el cristiano evangélico al que el Régimen de Irán pretende ejecutar, no por haber matado a nadie, sino por ser cristiano.

Y lo más grave es que, después de estas líneas me van seguir sin llevar de tertuliano a RTVE. ¿Qué va a ser de mí? Estoy desesperado.

Eulogio López

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