Hay algo que no entiendo de Santiago Carrillo. Si sabe que los católicos -salvo alguno que no obedece el mandato de su fundador de perdonar las ofensas- no le van a castigar, ni tan siquiera recriminar, como no lo ha hecho en 30 años de democracia, ¿por qué se empeña en negar las matanzas de Paracuellos o las otras matanzas de católicos -sobre todo de católicos- realizadas por los milicianos de la II República con el consentimiento, cuando no con el apoyo directo, de los gobiernos republicanos y de las fuerzas del orden a su mando y con aplauso y participación desde el mando del propio Carrillo?

Alfa y Omega, el semanario del Arzobispado de Madrid que se publica conjuntamente con el diario ABC los jueves, ha dado una pinceladas del documentadísimo ensañamiento con el clero y con los laicos católicos, en lo que sin duda fue la mayor persecución por razón de su fe de todo el siglo XX, al menos en Europa.

El presidente Zapatero ha conseguido devolvernos a 1936, mejor, a 1931, cuando empieza la persecución. Habíamos olvidado la cruenta República y la cruenta Guerra civil porque los más perseguidos, los católicos, habían perdonado. El deber de perdonar sigue siendo el mismo, ciertamente, pero perdonar puede conllevar olvidar, pero no mentir. La persecución existió y fue una orgía de sangre ejecutada por los ancestros de comunistas y socialistas. Esa izquierda anticlerical puede decir que también los franquistas cometieron tropelías. Tiene toda la razón, pero, aparte de que una bestialidad no justifica la otra, la Transición de 1975 representaba eso: perdonar y olvidar. Sólo que es imposible olvidar cuando una de las partes, ahora en el poder, se empeña en mentir.

El semanario Alfa y Omega denuncia la mentira pero a renglón seguido, o a renglón anterior, insiste en que el mejor ejemplo, el ejemplo cristiano, estuvo en las víctimas que perdonaron y olvidaron. Cosa que nunca hacen ni Carrillo, protagonista, ni ZP, sucesor de los protagonistas.

España se asombra ahora de que el etarra "Txeroki" se burle de las víctimas de ETA. En efecto, es para cabrearse, pero ¿en qué se diferencian la actitud de este asesino majadero con la de Carrillo o ZP?  También Txeroki considera que ha asesinado, y ordenado asesinar, por Euskadi, y que él no es un terrorista, sino un soldado que lucha por una causa justa.

Eulogio López

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