• Su objetivo para 2015 se resume así: conseguir el segundo puesto en las Generales y pacto postelectoral con Podemos.
  • El secretario general del PSOE radicaliza su mensaje y tilda al PP de ultra.
  • Su lenguaje, durante sus últimas intervenciones públicas, demuestra que se aproxima a la órbita de Pablo Iglesias, e incluso la supera. Por ejemplo, en anticlericalismo.
  • Así, calificó a Rajoy de retrógrado, y habló de derechos civiles, Estado espía y de una RTVE convertida en el Nodo.
  • Al tiempo se alineó contra las plataformas antidesahucios y con las tesis de los antisistema callejeros.
  • Todo esto, justo un día después de la detención de un grupo antisistema acusado de terrorismo.
  • Por cierto, introdujo en la melé radical a  los preferentistas y a su segundo, Antonio Hernando, a la energía nuclear.
  • La vieja guardia de Rubalcaba (Madina, Valenciano, Rodríguez) considera que, con este lenguaje radical, el votante de centro volverá a votar al PP.

La última sesión de control parlamentario de 2014 ha aclarado, por si alguien no lo tenía claro, la radicalización del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (en la imagen). Y no, no es que se le haya calentado la boca. Se trata de una estrategia planificada por el líder joven que no está dispuesto a ser un líder breve. Y así, al menos verbalmente, pretende superar al ya de por sí radical Rubalcaba, sólo que don Alfredo era radical en el fondo, mientras que Sánchez lo es en las formas.

Los estrategas de Sánchez consideran que, a poco que mejore la economía, no podrán obtener la victoria electoral en las Generales de -se supone- noviembre. Luchan por un segundo puesto y por un acercamiento a Izquierda Unida y Podemos. Pero ojo, acercamiento, no preelectoral, donde siguen lanzándose venablos, sino postelectoral. Es decir, bloquear al presunto ganador por mayoría muy ajustada, Mariano Rajoy y formar un Gobierno frentepopulista con Izquierda Unida y Podemos. Al menos, dejar la ventana abierta.

En la mañana de miércoles, desde su escaño, para romper el hielo, Sánchez abrió fuego con un lenguaje guerracivilista. En el que emplea en sus últimas intervenciones públicas calificó a Rajoy como el presidente mas retrógrado, verdugo de los derechos civiles, sucesor del famoso "la calle es mía", la frase atribuida a Manuel Fraga durante el Franquismo y que Fraga siempre negó.

Eso casi fue lo de menos. A continuación, Sánchez se lanzó contra la 'ley mordaza' (ley de Seguridad Ciudadana), demostración evidente, según él, de la reducción de derechos civiles impuesta por el PP. Y más: se alineó con las plataformas antidesahucio -casi absorbidas por Podemos- y con la clave de la plataforma y partido de Pablo Iglesias: los antisistemas y sus alternados callejeros, justo un día después de que la justicia desmantelara -Operación Pandora- un movimiento anarquistsa, antisistema, antifascistas y okupa, que ya no se dedicaba a protestar sino a poner bombas en iglesias y en cajeros automáticos. Es decir, que Sánchez estaba apoyando a sujetos catalogados por la justicia como terroristas. En este punto, hay que recordar que Sánchez es aún más anticlerical que Rubalcaba y tan cristófobo como los que colocaron bombas en la Basílica del Pilar o en la Catedral de Mallorca.

En la melé, metió a los preferentistas, un tipo muy distinto de protesta, que no violencia, callejera. Y su segundo, el insensato portavoz parlamentario del PSOE, Antonio Hernando, dio otro golpe al clavo con la energía nuclear. La pregunta se refería a la central de Garoña, pero se convirtió en una enmienda a la totalidad contra la energía nuclear, quizás para hacer un guiño al componente ecologista de los antisistema.     

Como para pactar la reforma constitucional PSOE-PP contra los antisistema. Ese pacto, a un año de las elecciones, parece muerto.

¡Ah! Y no faltó la habitual mentira sobre la utilización del PP de RTVE, cuando lo cierto es que el PSOE sigue manteniendo un control sobre los informativos de RTVE y cuando la derecha no ha podido controlar RTVE desde los tiempos de la UCD. No porque no quiera sino porque no sabe.

La radicalización de Sánchez es recibida con vítores por el PP y con preocupación por el equipo Rubalcaba (Elena Valenciano, Soraya Rodríguez y Eduardo Madina). Consideran que los excesos verbales de Sánchez están ahuyentando al electorado de centro, que es el que decide las elecciones, aunque nadie haya sabido definir en qué consiste el tan citado electorado de centro.

Eso sí, a las diatribas de Sánchez Rajoy respondió en seguimiento del principio ineludible de que "el estilo es el hombre": la herencia recibida y los presuntos éxitos económicos de su Gobierno.

En cualquier caso, Sánchez se ha empeñado en arrebatarle votos a Podemos y, si no consiguiera ser la formación más votada, en dejar abierta la puerta a un Frente Popular que expulse a la derecha de La Moncloa. Y sí, en el PP están felices.

Eulogio López

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