Lo curioso es que Rajoy no quiere saber nada con el director de El Mundo y desconfía del presidente de Endesa. Por eso, Ramírez utiliza a Alfonso de Senillosa y a Jorge Moragas, los jóvenes cachorros de don Mariano. Por su parte, De Guindos está convencido de que no será el elegido. Rajoy no sólo oculta los nombres, sino también el organigrama del futuro Ejecutivo. Además, está obsesionado con el pacto nacional contra la crisis

La directora de Informativos de A-3 TV, Gloria Lomana, quería saber si a Mariano Rajoy se le acercaban muchos conseguidores ahora que tiene a mano La Moncloa. Naturalmente, don Mariano respondió a la gallega, es decir, no respondió, pero uno de sus principales cometidos ahora mismo es el de sacudirse moscones.

Entre ellos dos: el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, que siempre cobra los servicios que no le solicitan, y el presidente de Endesa, Borja Prado, cuyo estilo de gestión consiste en las relaciones públicas con los poderes públicos.

Pues bien, Borja Prado trata de acercarse a Rajoy, con poco éxito, a través de Florentino Pérez y de situar a Luis de Guindos como ministro o vicepresidente económico. Pedro José, también.

Para Prado, el principal problema es la amistad que desde niños, como antiguos compañeros de colegio, mantiene Rajoy con Fernando Bécquer, de Iberdrola, el gran competidor.

Vamos ahora con el intento de Pedro José de aproximarse al presunto futuro presidente. El problema es éste: por experiencia de José María Aznar y por lo que sabe de Zapatero, Rajoy trata de alejarse del director de El Mundo, de hecho, le preocupa mucho más mantener buenas migas con El País. A igual que ocurre con ABC y La Razón, Rajoy sabe que El Mundo sólo puede estar con él. No, a Rajoy no le gusta el famoso periodista.

Quizás por ello, Ramírez trata de acercarse por conducto interpuesto. El pasado fin de semana invitó a cenar en su casa a dos de los jóvenes cachorros progresistas de Rajoy: Alfonso de Senillosa y Jorge Moragas, quienes controlan el aparato de Presidencia de Génova 13. Les puso deberes: les explicó cómo debía gobernar Rajoy y le aconsejó a De Guindos para el puesto clave del próximo Gobierno: la vicepresidencia económica, además de explicarles cómo hay que gobernar. Es más, Ramírez no quiere a Rato en el Gobierno ni tampoco a Manuel Pizarro, con quien le une una relación tan cordial como superficial.

Lo curioso es que el propio De Guindos está convencido de que él no será el elegido. Es uno de los pocos, junto a los mencionados Becquer, Pizarro y Rato, convencidos de que lo que obsesiona a Rajoy es el pacto nacional con el PSOE, y a ser posible con CIU, para aplicar por consenso los duros ajustes que tendrá que poner en marcha nada más aterrizar en Moncloa. Y cuando buscas un Gobierno de concentración, o al menos un pacto de Estado, no puedes tener en mente ni el nombre de los ministros ni tan siquiera el organigrama de Gobierno.

Por ejemplo: entre las posibilidades, una más, que maneja Rajoy es la de nombrar a un ministro de Economía que aplique las reformas y que cese dos años después, porque el descontento popular será grande y, en política, siempre hay que tener un culpable a mano al que poder eliminar. En ese caso, el elegido podría ser Cristóbal Montoro, un hombre que realmente trabaja por el Partido. O González Páramo, hoy en el Banco Central Europeo (BCE).

En cuanto a los correos utilizados por Ramírez... Solo decir que Alfonso de Senillosa no tiene asegurado ni tan siquiera el escaño por Madrid y Jorge Moragas intenta vender enlace con El Mundo y con El País a un tiempo sin especiales resultados. No, no serán claves en el futuro Gobierno. Rajoy nunca confunde proximidad física con confianza personal.

En cualquier caso, ambos, Senillosa y Moragas, están muy contentos. Ya han sido huéspedes del gran hombre.

Eulogio López

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