Un dato básico que omiten la mayoría de los manuales sobre educación sexual es la mayor vulnerabilidad biológica de las chicas a las enfermedades de transmisión sexual.

Tampoco se dice a los chicos que el sexo oral suele ir asociado al cáncer de garganta. "No hace falta repetir que se trata de una información de vida o muerte; ocultar estas cosas sería una falta de responsabilidad".

En lugar de informar sobre los riesgos, algunas organizaciones pro abortistas americanas, como Planned Parenthood o SIECUS (Sexuality Information and Education Council of the US), "se limitan a repetir que la adolescencia es el tiempo idóneo para explorar nuevas prácticas sexuales, o que los niños tienen derecho a expresar su sexualidad en cualquiera de las formas que se les ocurra".

Este mensaje promueve el libertinaje sexual, no la salud sexual. Es pura ideología, no ciencia. Y cuando el libertinaje sexual pasa a primer plano, la salud sexual se resiente. Ahí están, para demostrarlo, las alarmantes cifras de Estados Unidos sobre enfermedades de transmisión sexual, infecciones por VIH, embarazos adolescentes y abortos.

Es necesario un programa para una educación sexual clara, verdadera y completa, gradual y equilibrada. Con una visión de la sexualidad integral e integradora, conforme a los principios antropológicos, fundamentales de la naturaleza y  dignidad de la persona humana.


Un programa que enriquezca las facultades del hombre, inteligencia y voluntad, y que los capacite en el desarrollo libre, razonado e integral de su personalidad al servicio de una sexualidad sana y responsable.


Los padres no deben renunciar a sus libertades y derechos, avalados por nuestra Constitución y la Declaración Universal de los Derechos del Niño. Un derecho que conlleva a una responsabilidad que es prioritaria, intransferible, innegociable, indelegable e insustituible. Por lo tanto, son las manos infinitamente cuidadosas de los padres, y no otras, por sabias que sean, las que tienen la máxima eficacia para llevar a cabo la iniciación sexual de sus hijos.

Los padres movidos por el amor, cariño y comprensión por cada uno de sus hijos, son los protagonistas principales, irreemplazables, necesarios y los más adecuados en su educación integral.


La familia es el ámbito natural y más apropiado para el desarrollo de la personalidad, el espacio privilegiado donde, en un ambiente de amor y confianza, pueden plantearse, sin traumas, los interrogantes sobre la sexualidad.

Es verdad que la familia no es la única fuerza modeladora en la vida de un niño, como acertadamente dijo Mercedes Arzú de Wilson: "nada tiene mayor impacto en un niño que su experiencia familiar". De ahí  la importancia de la libertad de los padres a la hora de elegir un centro educativo acorde a sus convicciones, preferencias morales, religiosas, filosóficas y pedagógicas, como señala el artículo 14  de la Declaración de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Clemente Ferrer
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